Por Ignacio Ampudia, hace 9 meses y 26 días

Del placer a la agonía

Real MadridEl derbi va camino de convertirse en el clásico, una confrontación entre los de un lado del río y los del otro, enfrentamientos desbocados y rocambolescos adornados con finales de infarto, inciertos y descontrolados que, desde hace una década, se resuelven normalmente del lado madridista. El Atlético ha perdido cartel. Ni siquiera es ya el quinto equipo de España, ni el trigésimo de Europa. Es un club que soporta demasiadas cicatrices después de haber sido saqueado reiteradamente por esos directivos  que lo han llevado a la ruina; un club fracturado en el alma, de identidad construida a base de empujones, fe y poca ciencia. Para cualquier madridista, ser colchonero es incomprensible. Tiene lógica ser del Barça, la misma que ser del Madrid... pero del Atleti. Un arcano, un enigma, por eso son respetados a pesar de que ellos mismos ni siquiera lo hagan. La cuestión es que el Atleti suele darle  al Madrid cuatro puntos de media a la temporada. Por increíble que parezca, la Liga del Atleti ya no es la Liga del Madrid.

Diez años sin ganar al primo rico son muchos años, y eso se nota en el campo, y los atléticos saltan ansiosos, sobrexcitados y dispuestos a dejarse la piel por ofrecer a los suyos la cabellera que más anhelan, y las consecuencias son siempre las mismas. Por regla general, el Madrid golpea al Atleti durante los cinco primeros minutos. Ya lo hizo Ronaldo a los pocos segundos del pitido inicial en el Bernabéu, Raúl un par de veces más, van Nistelrooy y ya perdí la cuenta. Es tal la euforia inicial que el Atleti se paraliza, la adrenalina los atenaza, y cobra un tanto en contra cuando ni los presidentes se han sentado en sus butacas. Ayer no transcurrieron ni cinco minutos y Asenjo ya veía el balón en las redes mientras Kaká se reivinidicaba como el nuevo faro del Madrid ahora que el de Raúl se empieza a apagar. Pellegrini ha conservado en la tormenta. Contradiciendo su discurso de comienzos de temporada, ha suspendido sine die las rotaciones cuando han venido mal dadas, ha repetido once inicial y ha salido airoso de los tres embates que se antojaban definitivos para su futuro. Queda el Alcorcón, mucho fango para tan poco premio.

El Atleti de Quique no es el Atleti de Abel. La tranformación tampoco es apabullante pero se adivinan avances que convertirán a aquel equipillo de aficionados en algo más parecido a un equipo profesional. Los errores de bulto en la colocación son menos frecuentes y parece que los jugadores se sienten algo más jugadores, más respetados y más arropados. Si el fútbol es un estado de ánimo, el Atleti ha recuperado sensaciones que son fundamentales en este juego, aunque los resultados de Quique no son mejores que los de Abel. Una victoria ante el Marbella es lo único que atesora el ex-madridista; lo demás, derrotas y más derrotas, con tiros a la madera y puntuales errores garrafales en la zaga que cuestan puntos, como el que acarreó el segundo gol del Madrid a la media hora de juego cuando los blancos gobernaban con comodidad el encuentro. Marcelo, con la de palo, fusilaba a Asenjo en el área pequeña.

La segunda parte comenzó con Agüero entrando por Jurado y con el Atleti buscando por activa y por pasiva algún gol que le diese aire para seguir creyendo. El Madrid, muy cómodo en posición yacente, robaba en la banda de Antonio López y lanzaba contraataques para cerrar un duelo que había cumplido con el guión estipulado. Higuaín aprovechó un cortocircuito del sobrevalorado Perea, robó al borde del área y cerró el encuentro con el 0-3. Mientras lo celebraba vio su número en el luminoso de cambios: salía Raúl en su lugar, el primer error de Pellegrini, aunque eso sólo se sabría minutos más tarde, cuando Ramos era expulsado al derribar a Agüero y empezaba un nuevo partido. Con diez, el Madrid se recompuso del modo razonable: Arbeloa al lateral derecho, Marcelo al izquierdo, Gago por Benzema y Raúl de palomero. Las consecuencias pudieron ser dramáticas. Todo es posible en el Calderón.  En inferioridad el Madrid perdió el balón y ni siquiera pudo fiarse a las contras porque Raúl no cuenta la velociodad entre sus virtudes más destacadas. El Atleti por fin encontró el modo de meterle mano al Madrid. Por la banda que defendía Marcelo llegó el primero de Forlán en el 78' y en el 80' el segundo, este de Agüero, que dos minutos después fallaba el tercero solo ante Casillas. En el Madrid cundía la ansiedad ante la posibilidad de perder puntos en un partido que había resuelto con tanta facilidad. Achicados, achicando y con Lass de bombero en todos los fuegos, el asedio del Atleti resultó definitivamente infructuoso, una vez más, y ya van diez años, y parece que el Atleti sólo podrá ganar al Madrid cuando los blancos no comparezcan en el césped.

3 comentarios

#1. Jose Bidea, hace 9 meses y 26 días

Me parecio un Madrid muy serio el de ayer (hasta, como bien dices tú, la expulsión de Ramos). No vi tanto barullo por el centro y si más hombres en las bandas. Lo cierto es que maniató al Atlético. Veamos como evoluciona la cosa cuando vuelva Ronaldo por qué podría plantarle cara al Barca si estos no tienen un día muy inspirado.

Mañana noche nos vemos en el Comunio que espero ansioso la puntuación de Casillas, el único que parece me va a dar algo por ahora.

#2. Ignacio Ampudia, hace 9 meses y 25 días

Hombre, tampoco es que el Madrid sea una roca. Es serio pero aún tiene despistes que te revientan un partido. Lo de plantar cara al Barça... uff.

#3. diego, hace 9 meses y 18 días

muy buen post

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