La diferencia está en el balón
El 2-6 dolió, y mucho, y el madridismo pedía una venganza, una reparación del agravio, la cabellera del Barça o algo que poder llevarse a la boca después de la expectación, las presentaciones made in Hollywood del verano y la cantidad infame de dinero que se ha invertido para que el Madrid vuelva a ser un equipo temible. Pero todo eso se pide porque hay que hacerlo, porque es lo que toca, simplemente, y sostener que se iba a ganar al Barça era mucho sostener. No hay que ser Ockham para saber que los axiomas más sencillos suelen funcionar, y si al fútbol se juega con un balón lo apropiado sería organizar las cosas a su alrededor. El Barça se acogió a esta idea hace dos décadas y, después de pasar años de hambre y penurias, ha alcanzado un grado de excelencia indiscutible dando el control a los que saben mover el balón. La idea que maneja el Madrid es bien diferente. El Madrid es un equipo posmoderno, un equipo de identidad voluble, transitoria, caduca, que ha tratado de anclarse a ese oscuro asunto de la garra y la fe para darse sentido en el discurso que no en el campo, y entre presidentes-constructores-jugadores de dominó-fumadores de puros tardofranquistas que algún día desearon instalar el panteón familiar en la planta noble del Bernabéu y jugadores mediocres sin nivel ni para jugar en la Play, el Madrid aún paga por la delirante secuencia de errores que lo ha llevado a observar al Barça con distancia y ansiedad.
des-Benz tendrá su propio equipo en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1, a partir de la temporada 2010. Daimler AG (con el 41,5%) y Aabar Investments (con el 30%), se hacen cargo de un 75,1 por ciento del equipo Brawn GP. El resto del accionariado, aprox. un 24,9%, se mantendrá con los dueños actuales.