Mejor con diez
Después de la debacle de Alcorcón la prensa deportiva volvió a demostrar en qué se basa este negocio del fútbol. Es razonable: todos los días hay que vender escobas y claro, si se es realista, el fútbol de por sí no genera tantas noticias al cabo de una semana. Entrenamientos, declaraciones muy tibias por lo general y poco más. Por eso hay que inventar, inflar y especular. Lo de vender caerá por su propio peso. Muchas veces las portadas no soportan el paso de los días, pero si el equipo fastuoso pierde 4-0 contra un equipo de fontaneros y electricistas todo es más sencillo. El Alcorcón demostró cómo son las cosas. Ganar seis millones de euros al año no asegura gran cosa, al menos en el terreno de juego, y al final todo se basa en el orden, la concentración y en la fe en uno mismo, y los sureños lo tuvieron, y los sureños ganaron y los sureños dieron una gran lección, necesaria de vez en cuando. A saber: que los poderosos pueden ser volteados por los humildes, aunque tampoco hay que engañarse porque lo normal es que los pobres lo sigan siendo y los ricos también. La Copa tiene ese componente del campesino que asalta el castillo del señor feudal y por unas horas vive la ficción de la inversión de las jerarquías, la misma que el Madrid se olvidó el martes y que ha costado la primera crisis de la era Florentiniana. «¿Cómo es posible que el Madrid no juegue bien?», fue la pregunta más recurrente en todos los medios. Es evidente. El Madrid aún no puede jugar bien, lo que no justifica el ridículo de Alcorcón.
Los periódicos se dedicaron a sacar brillo a la terna de candidatos para suplir a Pellegrini. Un delirio. Hasta Spalletti fue mencionado. De locos. Por eso el chileno se agarró durante la semana a la estadística para salvar el cuello. Razonable porque de buen juego no puede hablar. Tuvo razón en un punto: que el Madrid haya tenido un millón de entrenadores en la última década puede que sea uno de los motivos de la inestabilidad. Argumento fácil pero cierto. Lo que no puede ser es que el Madrid no pueda perder dos partidos sin que alguien quiera quemar al entrenador en auto de fe en la Plaza Mayor. El Getafe era la piedra de toque del resurgir, mal asunto ese porque los madridistas acumulan un feo historial contra los azulones. Se volvió a agitar el orgullo sureño. Pellegrini entendió que Marcelo es una hermanita de la caridad en el lateral y colocó a Arbeloa en el lateral y al brasileño como interior. Raúl al banco e Higuaín al césped junto a Kaká y Benzema. El mismo dibujo y el mismo resultado hasta que se produjo la injusta expulsión de Albiol a la media hora de la primera parte. Nunca una decisión tan desacertada tuvo un efecto tan balsámico para un equipo.
Arbeloa ocupó el lateral derecho y Marcelo el izquierdo mientras Ramos pasaba a ser central. El ajuste lógico. Con diez el Madrid comenzó a dominar el encuentro en todas las áreas del campo. La defensa fue expeditiva porque todo apunta a que Ramos es mejor central que lateral; Lass volvió a barrer toda la zona de creación y Alonso se dedicó a contruir. Kaká se responsabilizó por primera vez de su papel en el equipo y Benzema... lo mismo de todos los días, como un turista. El Getafe, que normalmente ofrece un fútbol alegre y ofensivo, no supo parar la contundencia blanca y al comienzo de la segunda mitad veía como Higuaín abría el marcador tras una gran asistencia de Marcelo desde la izquierda. A pesar de ir ganando el Madrid no desapareció como acostumbraba y, con un planteamiento que apostaba claramente por matar el partido al contragolpe, juntó las líneas y esperó. Y poco tuvo que hacerlo porque cinco minutos después del primer gol Benzema asistía de nuevo a Higuaín que ponía el 2-0 certificando una victoria de lucha y carácter.
Pellegrini respiraba en el banco gracias a su chico argentino, aunque erró en los cambios. La lógica decía que el primer sustituido debía ser Kaká que estaba fundido por los esfuerzos defensivos. Con un partido para jugar a la contra había que mantener al único que tenía fuerza en las arrancadas. Higuaín, que antes de marcharse mandó una al palo, dejó su puesto a Raúl y el Madrid perdió todo su caudal ofensivo. Cuando robaban no había nadie a quien entregársela para que se buscara la vida contra los centrales del Getafe que trataban de empujar al equipo hacia el área de Casillas y que una vez tras otra asistían a la inoperancia de sus compañeros. Los de Michel entregaron la cuchara a diez minutos del final cuando comprendieron que el Madrid no perdería la concentración de ninguna manera porque todos sabían lo que estaba en juego, aunque el primer matchball serio se celebra el martes en San Siro donde además de juego hará falta el mismo coraje que han demostrado esta noche.
2 comentarios
#1. José Ramón López, hace 3 meses y 8 días
Jejeje, éste partido sí que lo has visto ¿eh?
Pero cuéntanos: ¿Lo viste antes o después de saber el resultado? jijiji
#2. Ignacio Ampudia, hace 3 meses y 6 días
Lo ví antes, claro. Me llamaron de la planta noble de Chamartín, hablé con Floren y me lo dijo: «te necesito para esta tarde». Y ya sabes, «si tú me dices ven, lo dejo todo».
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