El hambriento satisfecho
El Xerez quería deleitar a su público con un fútbol de circulación y toque, algo muy de agradecer para quienes tenemos que tragarnos el insípido balonazo largo de los defensores vascos cada domingo, pero le faltaba el toque de calidad en el centro del campo y la pólvora arriba. Así, las continuas imprecisiones de los locales en la zona media del campo y la ausencia del concepto de la existencia de la zona destinada a la creación para los rojiblancos, el partido se convertía en una burda sucesión de balones insípidos. El típico partido en el que una mezcla de suerte, bien combinada con la actuación arbitral, termina siendo el responsable del resultado final.
Quiso adelantarse el árbitro al pitar un penalti, algo más que riguroso, a favor del equipo de Caparrós cuando apenas nadie había pisado más área que la propia, pero quiso la fortuna que no fuese el colegiado quien decidiese aun nada y Renan, con bastante mérito, detenía la pena máxima. A partir de entonces el juego de los locales pareció aclararse y las imprecisiones en la conducción de balón se minimizaron. Pero entonces falló la puntería y la enjundia en los metros finales. El mal de muchos equipos pequeños que anhelan jugar bonito a este deporte: La injusta realidad del fútbol. Un centro superfluo de Susaeta lo introducía David Prieto en su propia portería y la diosa fortuna guiñaba el ojo a Caparrós desde el área pequeña diciéndole «Con esta ya me debes unas cuantas».
La segunda parte dejó constancia del mayor rodaje rojiblanco y a los visitantes no les costó controlar el partido, incluso dispusieron de alguna ocasión para rematarlo, pero les faltó la chispa que otorga la creencia en uno mismo. El Xerex, consciente de qué sus argumentos no habían servido hasta el momento, se encomendó a la teoría de la heroica, al ver que los rojiblancos, al igual que los malos de las películas, se pasaban demasiado tiempo hablando mientras apuntaban con el arma a la cabeza del protagonista en vez de pegar el tiro de gracia al que inevitablemente seguirían los créditos finales. Pero no cayeron en la cuenta los hombres del Cuco Ziganda de qué los héroes en este deporte no se crean con teorías, sino con aciertos en momentos puntuales frutos de una creencia desmedida en la propia fortuna.
Los rojiblancos obtienen así el cuarto puesto y el honor de iniciar el campeonato con dos victorias seguidas, hazaña semejante no se presenciaba desde la temporada 94-95, pero como bien hemos visto todos, el mérito no ha sido tal, pues los vascos han hecho lo justo para ganar a dos equipos en un estado de forma visiblemente menos desarrollado. La Liga ha echado a andar, pero aun nos queda a todos mucho por mear hasta que veamos cómo termina este cuento de príncipes, reyes y princesitas contado a la masa más crédula de cuantas jamás escucharon un cuento.
1 comentario
#1. José Ramón López, hace 1 año
¡Ahí va la hostia! , Josechu, que vas a tener que ir sacando brillo a los aparejos de la gabarra.
Con tanto león desmelenado, que se vayan preparando «los cristianos».
Saludos
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