Justicia poética
Desde el pasado junio, las cosas en el mundo del fútbol tienen un aire diferente. Los italianos ya no ganan como acostumbraban a hacerlo, los alemanes ya no lo son tanto y los equipos que no proponen nada en el terreno de juego son duramente penalizados. Ese es el caso del Chelsea, un equipo que nunca pasará de ganar la Premier a pesar de contar en sus filas con algunos de los jugadores más caros del mundo. El fracaso de los blues es el de los advenezidos, el de los que creen que esto sólo consiste en tener una chequera con muchos ceros para gastar. Abramovich invirtió parte de su fortuna en parir un equipo que fuese la envidia de Europa y lo único que ha conseguido es fracaso, uno tras otro. Del mismo modo que fracasa el City, al que Robinho emigró para ser el mejor jugador del mundo. No es el mejor, ni en el campo ni en su cuenta corriente. España levantó la Eurocopa demostrando que la virtud puede conducir a la gloria. Pasó por encima de Italia y reventó la final contra la maquinaria alemana. Todo fueron felicitaciones. La Eurocopa de clubes, la Copa de Europa, ha encontrado un digno émulo de ese estilo en el Barça. Y por fin la justicia ha triunfado.
Aunque hubo que esperar y sufrir mucho para que todo esto ocurriera. Los de Hiddink apenas cambiaron su planteamiento, el mismo que inoculó Mourinho y que parece incrustado en su ADN. Diez tipos por detrás del balón, Drogba de palomero y a la espera de cazar una contra mortal desde la trinchera. Este proceder, rústico, rácano, áspero, árido, tan del gusto de algunos entrenadores e hinchadas, se anteponía meridianamente al fútbol cartesiano del Barça. Los de Guardiola, espoleados por la exhibición en el Bernabéu ante un espectro, descubrieron con estrépito que el Chelsea no es el Madrid. Ni siquiera el Juventus está a la altura de tan despreciable planteamiento. Lo único que se puede reconocer en el Chelsea es su honestidad: su planteamiento concuerda con sus jugadores, fibrosos, rocosos y veloces. Todo un ejemplo de atletismo con balón. Lo dicho: despreciable.
Siendo sinceros, el Barça no cuajó su mejor partido de la temporada, ni de lejos. Las estadísticas de posesión, esa especie de aspiración científica que se trata de imponer en el fútbol, eran abrumadoras. Con el 70% de posesión el Barça no había conseguido generar ni media ocasión de gol, ni un disparo entre palos, ni una pared bien finalizada. Los rústicos, parapetados en el área, bloqueaban cualquier balón entre líneas además de un vergonzoso marcaje al hombre sobre Messi, una vez más. Entre tanto, el Chelsea ya había llegado una vez con cierto peligro a las inmediaciones de Valdés y en el 9', en un rechace, Essien, uno de los pretorianos más solícitos, enganchaba una formidable volea con la zurda para poner el 1-0 en el marcador y extender la sensación de que, una vez más, los rústicos y sus defensores se llevaban la gloria.
El Barça no lograba meterle mano al Chelsea y los blues tenían todo a favor, la coartada para justificar su insidia. En otra de esas jugadas Anelka lograba la expulsión de Abidal cuando el ínclito reconvertido simplemente se había tropezado con su propio tobillo. Sin embargo, lejos de modificar su planteamiento, el Chelsea no negoció su idea ni jugando contra diez. El Barça siguió a lo suyo mientras, de vez en cuando, los de Hiddink gritaban al árbitro por algunas decisiones polémicas. Alves, calamitoso durante toda la noche, se olvidó de centrar y Eto'o desapareció del campo. Con el equipo descompensado en la media por la ausencia de Henry que condenó a Iniesta a la banda, el Barça empujaba sin obtener nada. Ni un disparo entre palos. Guardiola, desesperado y gritón como nunca, sacó a Bojan por Busquets, Iniesta recuperó la medular y en el 92', cuando todo el mundo veía una nueva muestra del premio a los peores, Iniesta, con más fe que técnica, empalmaba con violencia en la frontal del área y cobraba el empate necesario para entrar en la final de Roma, para hacer justicia y para premiar a los que juegan bien, con ritmo, con cabeza y con estética. Cuando los blues certificaron su defunción se dedicaron a insultar al árbitro pero ni eso lo puede justificar. Nunca quisieron ganar, ni siquiera con superioridad numérica, y sólo merecieron perder por tratar de engañar y confundir, pero sobre todo, por aburrir.
7 comentarios
#1. cristina, hace 2 años y 8 meses
Buenas Ignacio , no he hecho ningún comentario en este blog futbolero nunca, aunque si de F1, este año pero, después de años de no seguir el futbol...por aburrimiento básicamente, este año mira por dónde se giran las tornas...me aburro soberanamente en la F1 y , si puedo, no me pierdo un partido del Barça, por diversión, como decimos por aquí ,vamos con babero y encima lo empapamos.... totalmente de acuerdo con tu comentario, se hizo justicia poetica, no por el partido de ayer pero si por el conjunto, se va a Roma, por fe y desesperación que fué lo que puso Don Andrés (aquí se le llama así) y por efectividad que fué lo que puso Valdés....
Como dijo ayer Guardiola: Y ha sido Andrés, quien nunca la mete, quien hoy la ha colado por toda la escuadra...(sic) también cuenta la suerte y ayer cayó del lado correcto.
Un abrazo
#2. Jose Bidea, hace 2 años y 8 meses
Yo también opino un poco de la misma manera. Si uno ve el partido de ayer, pese al pobre ofrecimiento que hizo el Chelsea, en circunstacias normales, hubiese ganado el partido, no en vano disparo bastante más a puerta que el Barcelona y ató de bastante buena manera a los de Pep. Sin embargo, para todos los que vemos fútbol, agradecemos que sea el club español quien juege la final, por mérito, por juego, por sacrifico, por proyecto, y bueno, por todos los motivos que argumentas tú en la entrada.
Igual me voy a Roma a verlo en la típica pantalla gigante con otros erasmus, si los exámenes y la cartera me lo permiten.
Que viva el fútbol, incluso cuando nos lo esconden y no lo dejan salir.
#3. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 8 meses
No me extraña Cristina: lo del F1 es de lo más aburrido (espero que José Ramón no nos escuche). El Barça juega de lujo, y lo mejor será aprovecharlo ahora porque el año que viene probablemente no sea así.
Bidea: probablemente nos veamos en Roma, sí, el día de la final. Seguiremos informando.
#4. Fernando, hace 2 años y 8 meses
Totalemente de acuerdo: perdieron el partido porque para ellos el balón es una especie de accidente con el que, desafortunadamente, hay que practicar este deporte. Es lo que tiene: podrían reconvertir el equipo en un club de gimnasia y culturismo. Y el Barça no desesperó: el gol es fruto de una jugada colectiva. El Essien ese todavía no se explica cómo metió la suya. En fin, que sí, que no está de más que gane el que quiere jugar y no sólo el que quiere ganar. Luego está lo de la «jodida desgracia»: como si nunca hubieran ganado un partido metiendo la única que han tenido y en el descuento. Conclusión: a hacer más pesas para enmendarse.
#5. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 8 meses
Me recuerda a cuando Italia colocó en mitad del campo de entrenamiento una pérgola para alojar un pequeño gimnasio, con sus pesacas y las máquinas correspondientes para parecer portentos de la halterofilia. Por una vez no nos vamos a tragar esa especie de mala broma. Y si rabian y todo, y si creen que hay una conspiración de la UEFA, la FiFa o de la Vírgen de Fátima, que hablen con Platini, que ha demosrtado ser imparcial y magnánimo. Las bengalas del Velodrome son de perfume.
#6. José Ramón López, hace 2 años y 8 meses
¡Ahhhhhhhhhh! ¡Cristina me pone los cuernos! Sabía que eras un pirata secuestrador de doncellas, un bucanero de libidinosa pluma , pero que fueras capaz de seducir a una culé de rancio abolengo, no pasaba por mi imaginación.....Volveréis implorando perdón y arrastrados por el asfalto cuando el Astérix carbayón reconquiste de nuevo las Galias........
El caso es que yo también me aburro......
Te dejo una poética imagen de uno de tus iconos favoritos....
Saludos, adúltero.
#7. Ignacio Ampudia, hace 2 años y 8 meses
Lo del Asterix carbayón empiezo a dudarlo, más si sigue yendo en carro de mulos. Respecto a lo de la foto... el despecho es el que habla por ti, no te lo tendré en cuenta.
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