Tres más
Que Lass sea el jugador más ovacionado en el Bernabéu indica cuál es la situación exacta de un Madrid que sigue empecinado en cazar al Barça basando su juego en la efectividad defensiva y en la inercia de las victorias. Hablar de juego preciosista en Chamartín se ha convertido en una contradicción. El equipo gana, saca adelante los partidos y apenas recibe goles. Para todo lo demás, vean otros equipos. Juande insiste en que su idea de fútbol no se parece al juego que despliegan sus jugadores y veladamente señala a la dirección deportiva como la responsable de los bostezos de los madridistas. A fin de cuentas su posición es cómoda. Llegó a mitad de temporada cuando el equipo estaba roto, reactivó su dimensión competitiva y practicamente ha asegurado el segundo puesto en la tabla. Después, el nuevo presidente dispondrá aunque todo indica que Juande saldrá del club al terminar la Liga. Su idea de juego, por mucho que él lo asegure, no es el que gusta en Madrid.
Los partidos aburridos lo son menos si se dispone de un palco con comida y bebida gratis. Los errores lo son menos, la verdad. Así que y de nuevo por cortesía de Diego, a las cinco degustaba jamoncito y lomo con el juego empezado. Guti en el banco y Lass como caudillo. No es cuestión de criticarlo. El chico es efectivo. Decía en una entrevista esta semana que su labor es sencilla: robar y soltar. Lo hace francamente bien y juega dos velocidades por encima del resto, compañeros y rivales. Con él y Pepe se entiende que el Madrid haya encajado poquísmos goles. Si fuese por Cannavaro, hablaríamos de otra cosa. Jugaba en la media con Sneijder e Higuaín y Raúl por partes iguales.
El Valladolid no lo hace mal, pero adolece de lo mismo que la mayoría de los equipos medios en España: solvencia atacante. Los pucelanos tocan con criterio y tienen un par de perlas en las bandas pero muere en la orilla. Sin embargo ya muy pocos equipos salen a encerrarse en el Bernabéu, principalmente porque a este Madrid no le importa ser dominado. Las diferencias se resumían en una: el Valladolid se movía mientras el Madrid jugaba mirando. Lógicamente, aparecieron los pitos para el juego local. Casi sin quererlo el Madrid se adelantó al borde del descanso cuando Raúl cazó un pase de Higuaín. Sin merecerlo, comenzaba a asfaltarse el camino hacia la victoria.
Salieron Guti y Gago por Cannavaro y Huntelaar. Lass pasó al lateral derecho y Heinze como pareja de Pepe. Es un movimiento habitual en Juande que sembró dudas entre los aficionados. Con Guti y Gago la cosa no mejoró. Todo siguió siendo anodino pero para entonces ya estaba en juego la tabla de quesos. Entre unas cosas y otras Guti dio una nueva muestra de su calidad, puso un balón de oro a Robben que ganó la carrera y marcó el 2-0 en el 80'. Los parroquianos comenzaron a desfilar seguros de que los tres puntos se quedaban en casa y la carrera por coger al Barça seguía en pie. No queda mucho más en Chamartín este año: el partido del Barça y las elecciones y, viendo como está el patio, seguramente lo segundo será mucho más emocionante.
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