Una cuestión de lógica
Con la lucha por la Liga en ciernes, la cómoda victoria del Madrid situaba a los blancos a tres puntos del Barcelona cuando el Málaga saltaba al césped del Camp Nou en la búsqueda por revalidar y afianzar su condición de equipo revelación. Ahora mismo el Barcelona es superior a todos los equipos del campeonato, pero la visita podía resultar incómoda para un Barca sabedor de que todas las miradas están puestas en él. La prensa insiste en prepararnos para el inminente tropiezo culè, creando la sensación de que, inevitablemente, el Barcelona cederá el terreno que el Madrid se esfuerza en recortar, aunque nadie sepa cuándo.
Pero poco duraron las dudas. A los pocos minutos Xavi abría el marcador en la primera ocasión clara del partido, hasta ahí, tan sólo se habían visto balas de fogueo. Demasiado respeto y poco riesgo en ambos equipos. El gol de Xavi fue la nota que marcaba el comienzo del recital blaugrana. Conscientes del desdibujado equipo que se encontraba de turismo en el césped, el equipo dirigido por Guardiola se lanzó arriba con todo. Messi marcaba en jugada personal, luego Xavi regala sendos goles, uno a Eto´o y otro a Henry. Una primera parte para enmarcar en la que los pupilos de Tapia no tiraron ni una sola vez a puerta.
Los primeros cuarenta y cinco minutos dejaban constancia, no sólo de la superioridad de los hombres de Guardiola sobre los visitantes, sino del sentido común de un equipo en estado de gracia. La insignia blaugrana parece marcada a fuego con la palabra «posesión». Siempre tener el balón, desmarcarse, arrastrar jugadores y guiarse en todo momento por el sentido común, que suele ser el menos común de los sentidos, son los flancos del fútbol que trajo Rijkaard y continua hoy día Guardiola en Camp Barca. A partir de ahí la calidad de los locales hace que todo fluya con una facilidad pasmosa para cualquiera que haya pisado un terreno de fútbol.
Parecía obvio que el Málaga saldría a morder en la reanudación si no quería que el calificativo del marcador pasase de «goleada» a «escandaloso», pero en vano. A los siete minutos de reanudarse el partido Alves y Eto´ò hundían más a un equipo que necesitó 60 minutos para despertar en un campo de fútbol y descubrir que, tal vez, sería más feliz en una pesadilla.
El Barcelona se dedicó entonces a jugar andando. El Málaga se estiró un poco en su juego pero apenas inquieto la portería local. Las individualidades de los jugadores blaugranas, y el exceso de egoísmo en alguna de ellas, fue la causa de que el Málaga no saliese aun más humillado de un estadio que despidió a los suyos con una sonora ovación. La Liga continúa sin cambios, inmersa en una lucha implacable entre dos equipos, cercados por la distancia con el resto de los participantes, que derrotan implacablemente cada domingo al púgil de turno que ose desafiarlos.
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