Por Ignacio Ampudia, hace 1 año y 4 meses

El Athletic pierde su propia guerra

Muniz Expulsa A YesteTres días después de su inmolación en Anfield, el Madrid concurría a la única competición en la que aún mantiene alguna posibilidad de éxito. En el apartado de haberes, el equipo jugaba fuera de casa.  Seguramente el ambiente del Bernabéu hubiera sido insoportable para un equipo cogido con alfileres. En el de debes, el Bilbao era el anfitrión y si bien durante las últimas temporadas el Madrid no ha sufrido demasiado en San Mamés (otra de las catedrales del fútbol), las consecuencias de una dolorosa eliminación en Champions son impredecibles. Los de Caparrós, finalistas de Copa pero con una situación comprometida en Liga, juraron venganza por la tangana final en el partido de la primera vuelta. Supongo que aquello no era más que una excusa: la retórica contra el Madrid suele ser violenta en Bilbao. Los leones y su entrenador se dedicaron a calentar el duelo durante la semana y al final todo les salió mal porque ni ellos saben jugar a la italiana ni el Madrid estaba tan muerto como pensaban. Además de todo eso, nadie había contado con Múñiz Fernández, un árbitro con aires de vedette que no quiso borrarse del espectáculo.

Los bilbaínos demostraron desde el primer minuto cuál iba a ser su planteamiento: la violencia camuflada de dureza y hombría del norte. A los cuatro minutos Koikili e Iraola cargaban con sendas amarillas. Dos malas noticias, mucho peor para el historiador campeón de lucha grecorromana convertido en lateral. Suyo era el encargo de frenar a Robben; de todos fue el fracaso ante el holandés, cómodo y brillante cuando en los partidos reina la confusión de la que Múñiz fue el principal mecenas. Los del Bilbao se sintieron agraviados cuando Huntelaar soltó la mano en la cara de un defensa y no recibió castigo alguno. Lo interpretaron como barra libre, pero al final tuvieron que pagar. Caparrós entendió tarde que Koikili necesitaba el apoyo del interior para frenar a Robben, o más bien lo entendió cuando el holandés ya había marcado el primero tras jugada de la casa: pase perfecto de Sneijder sobre la banda derecha, pelota cosida a la zurda, regates interiores y zapatazo a la escuadra. Lo celebró con rabia, demasiada diría yo, con aires de reivindicación. Lógico, por eso Koikili no es el lateral del Liverpool.

Con el marcador en contra, el Bilbao se quedó sin guión. Su técnica de intimidación no daba resultado y cuando se quiso dar cuenta ya había encajado el segundo tanto a la salida de una falta botada por Sneijder, del que sólo se pueden albergar sospechas excepto a balón parado. Heinze, encantado por el tono del partido porque es el único guerrillero del Madrid, ponía la cabeza y el tanto. Lo que no sabía el argentino es que tres minutos después iba a volver a marcar, esta vez en su propia portería y lo que hasta entonces había sido furia contenida explotó. Casillas salió del área en busca de Yeste para recriminarle no sé qué. El vasco contestó con un empujón y el del Móstoles se tiró al suelo con las manos en la cara. No es Casillas de los que fingen, pero en esta ocasión lo hizo seguramente sabedor de que Múñiz Fernández no entendería la situación. Y así fue. Yeste fue expulsado y en la confusión y protestas alguna amarilla más se vio. El Bilbao recortaba distancias pero a qué precio.

El Madrid comenzó a temblar cuando San Mamés, enfurecido por el del la gomina, reclamaba más tensión en los suyos. En una falta absurda de Metzelder a pocos metros del área llegaba el empate en un remate de Llorente sin levantar los pies del suelo y que contó con la ayuda de Casillas que se comió el balón. Con uno menos y táctica de guerrilla, el Bilbao había logrado el empate. El Madrid comenzaba a deprimirse en un partido que tenía controlado y que, de repente, tenía empatado. La segunda mitad no cambió el guión: el Bilbao repartía en todo el campo a todos los jugadores madridistas que delegaron en Heinze la diplomacia. De cada tres jugadas defensivas que ejecuta el argentino, dos son penalti, o agresión o algo turbio. Pero claro no es lo mismo que reparta uno a que lo haga todo el  equipo, especialmente Aitor Ocio, que marcó los tobillos y las cabezas de todos los atacantes blancos. Cuando no se llevaban ni diez minutos de la segunda mitad, el Madrid se había adelantado gracias a Huntelaar y de los diez jugadores del Bilbao, nueve estaban amonestados sin contar con la expulsión de Vélez que ni siquiera estaba calentando.

Múñiz, obsesionado con lo que se decía en los banquillos, expulsó al segundo entrenador del Bilbao. Caparrós le pedía cordura pero él ya no atendía a razones. Amonestaría al que quisiera, por eso un puñetazo de Ocio en la cabeza de Huntelaar quedó impune y otra charlotada de Heinze también. En medio de un partido roto que ya controlaba el Madrid por su innegable superioridad técnica, llegó el cuarto tras contragolpe dirigido por Robben que la soltó para que culminase Huntelaar con un exquisito toque sobre el portero. El Bilbao, magullado y extenuado, había fracasado en su planteamiento. Al fútbol hay que jugar y cuando se piensan en otras cosas normalmente no se gana. El festín madridista lo cerró Higuaín al convertir un penalti sobre Marcelo que ya nadie protestó, para qué cuando el juez quiere figurar más que los testigos. Con 2-5 todo estaba cerrado, el Bilbao completamente rajado y el Madrid amoratado. Caparrós trató de conducir el pie del Madrid al cepo, como en la vuelta de la eliminatoria contra el Sevilla, y lo único que logró fue una profunda herida en su tobillo, en el suyo y en el de sus jugadores que accedieron a jugar a la guerra en vez de al balón y salieron escaldados. Así no Bidea, así no.      

1 comentario

#1. Jose Bidea, hace 1 año y 4 meses

Pues efectivamente así no se hacen las cosas. Que quieres que te diga. Esa lectura de partidos agerridos suele ser la tónica general de un equipo como el Athletic, que no tiene calidad en todas sus líneas, ni soltura en el manejo del balón, ni donde solucionar sus carencias.

Pero vaya partido más violento y absurdo. Mereció ganarlo el Madrid de calle, sin duda, sólo por su propuesta futbolística infinitamente superior, y esperaba algo más de los míos que lo visto ayer; Un compendio de tejemanejes, golpes, quejas, estúpidas interrupciones y búsquedas de faltas en el medio campo que colgar al área madridista. Con esos argumentos no se gana al Madrid, nunca.

Y menudo árbitro. Ayer no tendrían que haber terminado el partido ni el línea. Cuanta torta repartida en sólo 90 minutos. Que malos son. Cómo pierden el norte del partido a la primera de cambio los muy bobos.

Comienzo a hacerme mayor y pierdo la paciencia viendo tonterías en la TV sabiendo que detrás se están gastando millones de euros en financiarlas. Creo que me voy a pasar a los documentales históricos que minan menos mi paciencia y me dejan siempre de mejor humor ya que la distancia histórica me hace ser más permisivo que el hilarante directo. Por cierto, me gustó Lass en tareas defensivas ayer. Muy bien.

Difícil entrada la que te tocó en suerte escribir esta mañana. Buena suerte con la Liga. Nos veremos el próximo año en el mismo sitio ;-)

Un Bilbaino.

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