Por Ignacio Ampudia, hace 11 meses y 1 día

Delirio atlético

Aguero Dispara A PuertaSi el Atlético de Madrid no ganó ayer en el Bernabéu es posible que no lo haga en los próximos diez años. No se puede fallar tal cantidad de oportunidades ante el eterno rival y salir del campo con sensación de victoria. El Atleti podría haber goleado y se fue con un único punto que no le vale de mucho. El mismo punto se llevó el Madrid, al que todavía le vale menos pero que supo a rendención después de jugar uno de los peores derbis de la década. La racha victoriosa se truncó ante un rival espoleado anímicamente por su bestial victoria contra el Barça. Los de Abel han empezado a creer, aunque lo más seguro es que ante el rival más peregrino pasen apuros y se dejen los puntos. Así es el Atleti, como un torero impredecible, capaz de lo mejor y lo peor.

En el Madrid es evidente que Pepe tiene galones porque se los ha ganado. Es curioso que, de los dos partidos que no ha jugado, su equipo sólo haya arrancado un punto de seis posibles. La mejoría defensiva del Madrid está basada en Pepe y en Lass y si uno no está y el otro no juega donde debe hacerlo, el equipo se resiente. En el primer ataque de entrenador que ha tenido, Juande colocó a Lass en el lateral derecho, Ramos y Cannavaro en el centro y Heinze en la izquierda. Eso no demuestra más que dos cosas: que Lass jugaría hasta de portero y que Juande no se fía de Salgado ni de Metzelder. Del mismo modo alteró la configuración de la media con Gago y un apagado Guti en los mandos con Raúl de chico para todo, el chupón por la derecha y Marcelo por la derecha. Arriba Huntelaar, el nuvo meritorio.

El efecto inmediato de semejante dibujo fue la fractura del equipo. Lass, jugando  el eje, amortigua a las dos líneas, cubre espacios y distribuye con rapidez. Como lateral estuvo más que correcto, bien colocado, atento al corte y con proyección ofensiva, pero el Madrid quedó retratado en el gol del Atleti, un contragolpe de manual a un toque que demostró la cadena de errores en el repliegue blanco. Casillas no pudo hacer nada ante el remate a placer de Forlán, pocos minutos después de que Agüero fallara solo ante el meta. Con el marcador en contra el Madrid fue preso de la ansiedad y sus ataques romos, debido en parte al ego de Robben que, tras una maniobra formidable, no asistió a Marcelo que llegaba suelto por la izquierda. El Bernabéu, sus compañeros y la gente de los bares se lo recriminó. Incluso él pareció darse cuenta de lo odioso que puede llegar a ser en ocasiones.

Para la segunda parte Juande dio marcha atrás en su planteamiento inicial y retiró a Guti y Heinze para dar entrada a Salgado e Higuaín. El equipo se equilibró y se lanzó en tromba a ganar el partido. El Atleti, con una desconocida y certera concentración defensiva, repelía los martillazos y salía a la contra. Cuando sus delanteros ya habían fallado cuatro, a los blancos se les pasó el miedo. Con Higuaín el Madrid ganó movilidad y espacios. De sus botas salió el pase a Huntelaar que consiguió el empate en fuera de juego. Pero como un punto no valía de nada, el Madrid continuó buscando el gol. Con el estadio levantado ante la sucesión de alternativas, ninguno de los dos equipos logró llevarse la victoria en una segunda mitad sin medio campo, con transiciones vertiginosas y ocasiones erradas. Sólo el Atleti puede »perder» un partido así.      

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