Por Ignacio Ampudia, hace 3 años

El talento de Agüero agoniza

Perea Y HlebLo del yerno de Maradona tiene trazas de convertirse en el enésimo caso de una promesa malograda. Hay quien quiere ver en el padre de su novia el motivo de todos los males. Sin duda, alguna responsabilidad debe tener el 10, pero tampoco hay que olvidarse que los planteamientos de Aguirre no ayudan a su juego, que sus compañeros no están a la altura salvo honorosas excepciones y que Agüero juega en el Atlético de Madrid. Por lo visto, esta última circunstancia implica arrancar la partida con saldo negativo. Todo el mundo pensaba que un Atleti sin Gil sería otro planeta, se convertiría en club serio, con jugadores importantes que lucharían por ganar todos los títulos. La realidad es bien diferente. Impusieron a Torres la capitanía y éste salió huyendo en cuanto llegó la ocasión. Con lo que se ingresó se ficharon nuevas caras que teóricamente protagonizarían el salto de calidad necesario. Con lo comprado les dió para entrar en Champions a duras penas. Nada más.

Los rojiblancos son el ejemplo del quiero y no puedo. No se le puede aplicar el juicio del nuevo rico porque a fin de cuentas es el tercer equipo de España. Más bien parece el caso del hidalgo venido a menos, acomplejado, roñoso y quejoso. Para estimular ese espíritu está Aguirre, en el que ya pocos confían dentro y fuera del club. Nadie entiende por qué, cuando su equipo se ha tenido que medir esta temporada a rivales de altura, ha reservado a los mejores. Lo hizo contra el Liverpool y lo hizo contra el Barcelona en los octavos de Copa. Guardiola hizo exactamente lo contrario. Puso a Messi en el Calderón y se llevó la eliminatoria en tres chispazos, sí, chispazos que no destellos. Más que suficiente contra el Atleti.

Se habló durante la semana de la remontada, de la épica que iba a aplastar a un Barça confiado. Toda la teoría se fue al traste cuando Aguirre mostró el planteamiento: Agüero en punta, solo, desasistido y deprimido. El planteamiento parecía el de un equipo que pretende no recibir. Cuando se quiere ganar a lo grande, hay que arriesgar. El Barça salió con el equipo B. Xavi, Eto'o y Henry en la grada y Messi en el banco cedían su puesto a Bojan, Gudjohnsen y Hleb. Por supuesto este Barça no tiene comparación con el de los mayores, pero al menos demuestra que cada jugador de esa plantilla sabe exactamente lo que tiene que hacer en el terreno de juego. Todo lo contrario ocurre en el Atleti que se sostiene sobre una defensa de chirigota y un par de mediocentros bastante grises.

Aun con todo, el Atleti se adelantó en el marcador tras un saque de falta de Simao. Guardiola tiritaba en la banda ante la idea de que este Atleti le birlara la cartera en casa. Todo quedó en humo cuando el magnífico Pernía (¿cómo consiguió jugar un mundial?) asistía impertérrito al remate a placer de Bojan en el punto de penalti que ponía la igualada y practicamente sepultaba la eliminatoria. En la reanudación, los rojiblancos salieron con más tensión imprimiendo el ritmo necesario para plantar cara al Barça, pero no logró materializar ninguna ocasión. La épica se desinflaba y Agüero se lesionaba. Calambres en los gemelos, o lo que es lo mismo, lo que le puede pasar a cualquiera cuando lleva un rato jugando con los amiguetes. El chico trató de aguantar seguramente para que luego nadie pueda echarle nada en cara, por si finalmente sale huyendo del Atleti cuando llegue el calor agarrado del brazo de su suegro.  

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