El Barça también tiene héroes
Además de desplegar el mejor fútbol que se puede ver en Europa actualmente, el Barça sabe sufrir, y aún haciéndolo, gana. El Madrid acudía al gran clásico como una víctima, inmerso en una crisis formidable, ya no sólo en el campo sino también en los despachos de la cúpula. Todo ha tomado un cariz circense. El presidente, que sigue en campaña electoral tres años después de ser elegido, tiene que llenar la asamblea de socios con algunos ultras que, correctamente estimulados con prebendas y entradas, logran diluir cualquier atisbo de queja. Simplemente deleznable. También cómico. El tipo aquel que dice llevar la riendas del área deportiva sigue calentando el sillón mientras se merienda entrenadores con la misma fogosidad con la que ficha jugadores inútiles. Entretanto llega un nuevo entrenador, famoso por convertir un equipo menor en una roca que alzó un par de galardones europeos y sepultó al Barça de Rijkaard, para tratar de apagar algunos fuegos y evitar que la plebe, después de una nueva derrota en Chamartín, ajusticie a algún «sabio-técnico» de los que deambulan por los despachos. Y los jugadores, siempre con semblante de sorpresa, intentan llevar lo mejor posible el vestir una de las camisetas más laureadas del mundo mientras todo parece ir en su contra.
Si el Madrid de Calderón se ha definido por los capítulos épicos, por los intestinos como único argumento, con Juande ha encontrado la tecnificación del modelo. Sólo hay que ver el planteamiento de los blancos para entender cómo están las cosas actualmente. Es innegable que con el manchego el equipo ha ganado una solidez defensiva digna de elogio aunque también hay que reconocer que el antecedente era pésimo. Ramos planteó el partido de un modo razonable: sí, somos el Madrid, pero tampoco hay que engañarse porque no hay para más. Con la grandeza devaluada, los blancos parecieron más un equipo de mitad de tabla que el campeón de Liga y con esa vergüenza fueron derrotados con jusicia.
Juande apostó por el factor sopresa, sospecho que incluso para sus jugadores, alineando de salida a Sneijder que tan sólo aguantó media hora, disparó a puerta una vez con peligro y cosió a Messi a patadas. Su sustituto fue Palanca, que debutaba en el mejor escenario posible para un masoquista y de paso volvía a demostrar el brillante trabajo de Mijatovic, una vez más. Para excusarse hablarán de las oportunidades a la cantera y de la apuesta por los chicos de casa cuando todo el mundo sabe que el Madrid no tiene la cantera del Barça y que nadie tendría paciencia para aguantar a jugadores en prácticas. En lugar de Robben, el único con trazas de jugador importante, entró Drenthe. Sin comparar, que ni siquiera es necesario por evidente, el joven holandés falló un mano a mano con Valdés y volvió a demostrar que ni tiene regate, ni sabe centrar, ni sabe correr, ni se le espera.
Con una disposición inicial claramente descompensada, el Barça buscó sentenciar en los primeros veinte minutos pero enfrente tuvo a un Madrid excelente en labores defensivas. Todos los jugadores se remangaron en las cañerías y lograron anular a Messi, por los marcajes y por las patadas, aislar a Xavi y desesperar a Eto'o. El Barça sabe que ganar al Madrid es un ejercicio de sana autoestima y cuando no hubo fútbol en sus botas simplemente esperó, esperó y siguió intentándolo mientras el Real se jugaba la vida en contras mal ejecutadas. Y en el 85', en el primer y único error (obviando el penalti de Salgado sobre Busquets) de la zaga blanca, Eto'o se quedaba solo para rematar en el área pequeña el gol que formalmente simbolizaba lo que se había visto en el césped. El Madrid trató de engancharse a la épica, a los tambores y al polvo del campo de batalla pero en pleno fervor pseudoguerrero llegaba el gol de Messi en el 90' para cerrar el partido. El Barça mostró que los guapos también sufren y saben hacerlo. Su victoria no sentencia la Liga pero deja al Madrid a doce puntos, en puestos UEFA y con la grandeza en el retrete. Lo único positivo para los blancos fue el retorno de Casillas que sostuvo al equipo con intervenciones que en los últimos encuentros se habían disuelto en la medianía general. El Madrid ha recuperado a su portero y el orden defensivo. Para todo lo demás, pregunten por Mijatovic.
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