Por José Bidea, hace 3 años y 2 meses

Con mal sabor de boca

Joaquin CaparrosComo viene siendo costumbre en la Liga español el partido que esta tarde enfrentaba a vizcaínos y cántabros iniciaba con esa desidia propia de las tardes dedicadas a Morfeo y que, con serena lentitud, va instaurándose en la cotidianidad de nuestro fútbol.

Una primera parte para el olvido entre dos equipos que amenazan a sus respectivas aficiones con el sufrimiento esta temporada. El Athetic de Bilbao, tras la estela de tres penosas temporadas coqueteando con lo que aun no ha conocido, y el Racing de Santander, tratando de superar aun la marcha de Marcelino y la temporada pasada, llena de alegrías y buenos momentos. No es fácil asumir el paso de la opulencia a la pobreza, pero el equipo de Ramón López Muñiz esta tomándose, quizás, demasiado tiempo.

Así las cosas, y flotando en el aire el reciente recuerdo de las «declaraciones» del capitán Levantino, el descanso se volvió un poco más largo de lo habitual. Pero, al tiempo que todos mirábamos hacia el suelo avergonzados de haber comprometido casi dos horas de nuestro tiempo para presenciar semejante bochorno futbolístico, una de  las casualidades del fútbol tuvo lugar, y una falta botada por Yeste, rebotaba en la barrera santanderina y se colaba dentro.  Cinco minutos de la segunda parte; ahora veíamos otro partido.

El Racing no logró en ningún momento hacer valer el factor «campo», y ya se sabe, la prisa nunca es una buena consejera. Con más estómago que cabeza, Munitis, Colsa y Tchité trataron de llevar a su equipo hasta las inmediaciones del área bilbaína, pero una y otra vez se topaban con unos metros finales que parecían psicológicamente infranqueables.

Mientras tanto, los de Caparrós no pasaban demasiados apuros y un par de contraataques y una falta al borde del área eran mejores argumentos que los ofrecidos por su rival. No sólo tenían el marcador a favor, sino que su fútbol, por poco vistoso, elaborado, bonito, o práctico que fuese, creaba la sensación de poseer más posibilidades de dar frutos que el del contrario.

Pero aun quedaba un giro por dar al partido, un pequeño gesto que cambiaría la distribución de las fuerzas. La  expulsión de Pablo Orbaiz en una falta estúpida en campo contrario. Suponía la segunda amarilla y la marcha del centrocampista al túnel de vestuarios antes de tiempo. Así el Racing podía pasar más tiempo en campo vasco y poner así sus esperanzas en el caprichoso factor de la «probabilidad».

El gol lo hacía Colsa en un error «importante» del cancerbero vasco.  1-1 y  la sensación de que tocaba sufrir a ambas aficiones. Sin embargo fue al revés. Los siete minutos que aun restaban fueron para los pupilos de Caparrós, que dispusieron de por lo menos dos buenas ocasiones que Toño, el mejor hoy de su equipo, desbarataba para impotencia de Amorebieta, justo antes de un pitido final que no dejaba con buen sabor de boca ni a unos ni a otros.

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