Entre la vulgaridad y la desidia
120.000 euros es lo que deberían recibir los aficionados madridistas por ver un partido entero de los suyos. Cuando aprieta la crisis casi cualquier solución se da por buena aunque ésta consista en el regreso al fútbol que se practicaba cuando el juego se inventó. Conscientes de que el equipo no cuenta con creadores, los técnicos, los jugadores o quien mande en ese club han decidido que lo mejor es jugar al pelotazo. Con balones largos se evita transitar por la media, donde reside uno de los más graves problemas del Madrid; por contra, a pesar de la victoria por la mínima ante el penúltimo equipo de la competición nacional, la gente no se traga cualquier sapo y ha pitado, se ha quejado, agitado pañuelos blancos y abandonado el campo cuando aún restaban diez minutos para el final.
Después del teatrillo de reconciliación de esta semana en Valdebebas, la expectación era máxima. A decir verdad la mayoría de los aficionados blancos esperaban y deseaban silenciosamente una derrota, un descalabro rotundo y estrepitoso, un motivo de peso para echar a alguien. Que la culpa de la situación sea exclusivamente de Schuster es más que discutible pero Chamartín reclama una cabeza y todas las lanzas apuntan a la misma. El equipo se debate entre la depresión y la pereza. Configurar un once inicial de garantías se ha convertido en un desafío para el cuerpo técnico que hoy tenía que componer el puzzle sin Cannavaro. Ramos formó pareja con Pepe lo que colocó a Torres en el lateral derecho. Al fin Guti tenía a Sneijder a su lado. El holandés es el único que parece entender qué pasa por la cabeza del madrileño. Guti las pone y Sneijder dispone. Y así fue cuando en el 38', después de unas cuantas demostraciones esperpénticas frente a la meta rival, el holandés metía el primer y único gol del encuentro tras un rebote en un rival.
La segunda parte evidenció nuevos problemas en los blancos. Que Higuaín se lesione no parecería un contratiempo hace algunos meses, pero hoy lo es. El argentino es el único que parece capaz de aportar algo de chispa e intención ante el gol, aunque meta una de cada seis que intenta. Y lo que parece realmente más delirante es que un equipo como el Madrid no cuente con un recambio de garantías para el ataque. Bueno, la última incorporación de la cantera, no ha demostrado nada (tampoco ha tenido oportunidad de hacerlo); Saviola más bien aparenta ser un prejubilado que trota portando el 9 del Madrid y paren de contar. Si Mijatovic no tiene nada que ver en todo esto, entonces yo no sé de fútbol.
Poco más que reseñar en un partido sin historia, sin nervio, sin vida. Hubo tranquilidad en el Bernabéu porque el rival era un equipo menor. Tal y como está el equipo, un rival de verdad se merendaría a los blancos en escasos quince minutos. El martes el Madrid se juega buena parte de la temporada en Bielorrusia ante el BATE Borisov. De no pasar a octavos de la Champions es de esperar que haya medidas inmediatas para tratar de evitar que el enfermo se desangre aunque probablemente la posible destitución del alemán no sea más que una cortina de humo que oculte la realidad de un equipo que cada día lo parece menos.
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