El triunfo de las cavernas
Seguro que cuando comenzaron las excavaciones de Pompeya los primeros arqueólogos ya encontraron el escudo del Juventus de Turín en el pecho de algún pobre incauto incinerado, el llamado equipo de Italia, la Vecchia Signora, el equipo que tiene tomada la medida del Madrid desde hace más de cuatro décadas. Del mismo modo, puede que en Atapuerca también se hallasen evidencias del escudo del Madrid, aún sin dignidad real claro. Los dos equipos representan la historia fosilizada de este deporte. En el duelo paleolítico se impuso, como no podía ser de otra manera, el fútbol más antiguo, es decir, el de los italianos, entrenados ahora por Ranieri, el mismo que ofreció tardes sublimes de fútbol de las cavernas, el mismo que llegaba al choque contra el Madrid con medio pie fuera de Turín, con medio equipo titular lesionado y el otro medio superando la treintena, pero señores, los italianos lo son hasta en las peores circunstancias. Mucho más los turineses que hace dos años penaban en la Serie B, jugando en campos de provincias con poco más de trescientos espectadores. Son veteranos y entregados. Y saben a lo que juegan.
Todo parecía algo desnaturalizado porque el partido no se celebraba sobre el césped de Delle Alpi, ese estadio frío y gris, el estadio de Mordor. A causa de las obras que se acometen para reducir el aforo del viejo estadio (de 70.000 a 40.000, algo paradójico que sólo podría ocurrir en Italia) el encuentro se traslado al Comunale o Stadio Olimpico di Torino, inaugurado en 1933 para la celebración del mundial que acogió el país que por aquel entonces gobernaba Mussolini. El Juventus partía sin Buffon ni Trezeguet, piezas imprescindibles para i bianconeri pero contaban con dos viejos soldados: Del Piero y Nevdev. En la media, músculo y poca contemplación: Sissoko y un desconocido Amauri que firmó el partido de su vida con gol incluido. En el lado de Schuster, más dudas que certezas. En la media, sin Diarra ni Guti, Gago acompañado por Sneijder y van der Vaart. Arriba, la doble R e Higuaín del que ya nadie duda que ha perdido la buena forma con la que empezó la temporada. Tuvo arrojo al lanzar el penalti en el Calderón, tanto como ineptitud en la mayoría de las jugadas que debió resolver esta noche.
El Madrid empezó como lo hizo el Atlético el pasado sábado. La diferencia es que el golazo de Del Piero tras una nueva pifia conjunta de los centrales llegó en el 4'. Para qué querían más los italianos: gol a favor y todo el partido por delante. Sin sonrojarse se pusieron los once por detrás de la línea del balón a la espera de un Madrid que sin Guti es menos Madrid. Gago se desesperaba tratando de sacar el balón jugado. Recibía órdenes de los delanteros desesperados ante la evidencia de que allí nadie tenía criterio para subirla. Los holandeses son buenos pero no destacan por la elaboración. Ni uno ni otro apoyaban a Gago del mismo modo que van der Vaart no ayudaba a Ramos que veía cómo Nevdev, con 37 años, le ganaba la espalda una y otra vez. El Madrid firmó sin duda la peor primera parte que se le recuerda en muchos años. Sin ideas, sin profundidad, sin control, sin toque, con una defensa de broma y con Heinze como mejor baza ofensiva. Todavía Mijatovic trata de hacer creer a los madridistas que este equipo va sobrado...
La segunda parte presentó otro guión. Los italianos dimitieron oficialmente de la posesión y el Madrid jugó con los centrales en la media, Gago como director y el resto como comparsas. Sin embargo en uno de esos balones que de vez en cuando cazaban los juventinos llegó en la cabeza del aplicado Amauri el 2-0 en el 49', tras un gran error de Pepe, desaparición de Ramos (en horas demasiado bajas) y estruendo final de Heinze que no contento con dejarse ganar la posición ayudaba con su pierna al despiste de Casillas. Se antojaba demasiada épica para tan poco héroe. En un destello de criterio y buen gusto, Schuster retiró a Higuaín y metió a Robben para dar amplitud al campo. El ataque del Madrid empezó a carburar aunque no parece que el extremo zurdo rinda todo lo que podría en la banda derecha. Sea como fuere el Madrid empezó a asustar a los italianos que se temieron en el 66' lo peor: gol de van Nistelrooy con el Madrid lanzado. Los empujones prosiguieron, Sneijder mandó un balón al poste, más remates, más ansiedad pero ningún resultado positivo. El Madrid se dejó los tres puntos ante el único rival serio del grupo. A efectos de la clasificación para octavos, la derrota no es determinante porque puntuando en el Bernabéu contra los juventinos el pase está asegurado. A efectos de análisis futbolístico esta derrota dice mucho, lo primero y esencial: con tan poco no se puede aspirar a tanto.
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