Banquete en Chamartín
El camino de un recién ascendido a Primera es complicado, mucho más si uno tiene que medirse consecutivamente contra los equipos llamados a jugarse el título a final del campeonato. Así el Sporting de Gijón ha ido enganchando un chasco tras otro hasta la derrota final que presumiblemente se dará el fin de semana en Villarreal. Ni la presencia del mítico Quini (íntimo de Schuster cuando ambos vestían la camiseta del Barça) sirve de bálsamo para un equipo que todavía no sabe por dónde le están cayendo los golpes. Si el domingo el Barcelona renacido le endosaba media docena en El Molinón, el Madrid le ha metido siete frente la parroquia madridista, un tanto nerviosa y expectante ante este proyecto sin fichajes. Nadie sabe ni dónde ni cuándo el Madrid entrará en vía muerta. Hasta entonces, lo mejor será disfrutar del presente.
Arrancó el Sporting con ganas, tuteando al Madrid en su campo, buscando un gol rápido que los catapultase hasta la cima en casa del campeón pero la lógica se fue imponiendo poco a poco. El Madrid, con Raúl en el once inicial después de que todo el mundo diera al capitán como suplente, activó la máquina y con la tercera le bastó para trenzar tres pases que no tocaron el césped para marcar el primero por obra y gracia de van der Vaart en el 17'. Un bonito gol que espoleó a la grada y dio confianza a los blancos. Cuarto de hora después, el mismo holandés marcaba el gol más bonito de lo que llevamos de Liga con un certero taconazo que culminaba el pase de De la Red. Se olía la goleada y encima con recochineo. En el 36', el nuevo ídolo de la grada, Higuaín, remataba como un buen delantero un pase de Robben. El 3-0, un gol que buscó la esquina. Impecable.
Un minuto después de la reanudación van der Vaart desollaba al Sporting con un nuevo tanto tras una buena jugada con asistencia de Raúl, la segunda de la noche para el mismo goleador. Robben en el 51' ponía el 5-0 en el marcador a puerta vacía. Los asturianos ni se miraban a la cara. Sin embargo sacaron casta y lograron marcar el de la honra. Poca cosa porque en el 58' Raúl marcaba un gol de barrio aprovechando un rechace del portero. Y en el 64' los de Schuster cerraban la cuenta con otro tanto del defenestrado, una de sus míticas «cucharas». La grada entonó el cántico dedicado al capitán que recibía el abrazo de los suyos y una dosis de tranquilidad hasta el domingo. El Madrid jugó bien pero no tiene mucho sentido sacar conclusiones cuando el rival defiende rematadamente mal y taca aún peor. Esta no el la Liga del Sporting que ya espera a enfrentarse con rivales de su envergadura. Lo de esta noche era como los partidos de COU contra los de 8º de EGB, y claro, ya se sabe, goles, buen juego y euforia. Simplemente eso.
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