Por Ignacio Ampudia, hace 4 meses y 20 días

Viejos vicios, nuevas virtudes

Villa Supera A HeinzeArrancó la temporada oficial en Mestalla en el encuentro de ida de esa incómoda competición inventada por la federación que enfrenta al campeón de Liga contra el campeón de Copa del Rey. En circunstancias normales podría ser un partido interesante aunque normalmente decantado a favor del campeón de la regularidad. Sin embargo en las últimas temporadas, con la emergencia del Sevilla como un tercer poder ante la evidente devaluación del Valencia, la Supercopa es un trámite pegajoso porque llega en el único momento en que se puede jugar: camuflada entre los saraos veraniegos. Eso debería dar una idea aproximada de la trascendencia del trofeo. Aunque probablemente sea gracias a esa inconvenencia donde radica lo atractivo de estos partidos. Los jugadores aún andan lejos de su mejor forma física pero no deja de ser un título oficial, motivo por el que se ve la puesta de largo de los grandes nombres de los contendientes y podemos olvidarnos de los insufribles espectáculos del Teresa Herrera, el Carranza y el Colombino.

En la esquina del campeón liguero pocos nombres nuevos. Van der Vaart engrosa la abultada nómina de holandeses en el Madrid. Tiene trazas de gran jugador aunque aún se le ve bastante perdido por el campo, sin conocer los automatismos ni su peso en el equipo, aunque sí sorprende su determinación a la hora de sacar todos los balones parados. Supongo que hasta que vuelva Sneijder. De la Red es otra cara nueva. Repescado del Getafe, se encontró en la selección que ganó la Eurocopa y su vuelta a casa debería parecer una buena noticia. En ocasiones peca de la suficiencia que demuestra Guti, pero las diferencias son obvias. Javi García es el tercer «fichaje» de los blancos y parece el más flojo. Aunque presenta muy buenas condiciones físicas para el puesto de central, su bisoñez no puede tolerarse en un club como el madridista. Así se ha demostrado esta noche.

El Valencia trata de salir del agujero y esta receta, la enésima ensayada, tiene mejor pinta que todas las demás. Desterrado Koeman, del que sólo se recuerda su pública y notoria afición por el vino en las comidas durante las concentraciones, ha tomado las riendas del equipo el entrenador más joven de la Liga. Emery ya demostró en el Almería cuál era su ideario, en principio incompatible con la esencia ché, un juego basado en el toque y en la movilidad. No le han traído nada nuevo, pero parece que restaurar el orden que Koeman quebró ha sido la mejor noticia para un grupo con la autoestima destruída y con necesidad de reconocer a sus jugadores estrella.

La defensa que alineó Schuster de inicio era fruto de las circunstancias. Pepe arrastraba la sanción del año pasado y Cannavaro se recupera de su lesión que le impidió jugar la Eurocopa. Por eso Heinze y Javi García ocupaban el centro de la zaga escoltados en las alas por un sufriente Salgado y por Torres. Defensa inédita, la misma que ha fallado y ha posibilitado al Valencia llevarse la victoria. Y la verdad es que no empezó mal el partido para el Madrid. El Valencia empujaba con escasa efectividad pero mejor juego que los blancos que no lograban conectar sus líneas de creación. Pero las virtudes (al igual que los viejos vicios) se conservan y, la primera bola que tuvo van Nistelrooy en sus botas, la metió dentro en el 14'. La pegada salvaba a los blancos. El Valencia se vio obligado a volcarse más todavía pero entre un Villa despistado en el fuera de juego y un Casillas inmenso se llegó al descanso con la momentánea victoria madridista.

La reanudación mostró a un Valencia entregado y un Madrid que simplemente debía apretar diez minutos para sentenciar, pero una vez más el fútbol enseñaba sus cartas y en una jugada mal defendida llegaba el empate de Mata en el 56'. Con el público despierto los chés remaban a favor de viento y marcaban el segundo en el 59' por medio de Villa que conectaba un cabezazo tras un error en cadena de Salgado y Casillas. Fueron los mejores minutos del Valencia que puso el balón en el piso y lo empezó a mover como jamás se había visto en el Turia: con clase, criterio y elegancia. El Madrid estaba definitivamente noqueado y Schuster movió el banco, quitando a Robinho por Robben y al superado Salgado por Ramos. Los cambios dieron nuevo aire al Madrid y en una jugada que no se veía desde los años 70 Robben arrancaba en el medio campo, corría en vertical esquivando a los defensas, ganaba la línea de fondo y ponía un pase perfecto al punto de penalti para que de nuevo van Nistelrooy pusiese las tablas en el marcador en el 68'. Los de Emery no desistieron y en el 80' ponían el 3-2 definitivo en otra jugada peor defendida que la primera. La semana que viene la vuelta en el Bernabéu en un partido que seguramente presentará otra cara para los blancos. La mejor noticia de la noche: este Valencia ha jugado al fútbol. Habrá que estar atentos.

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