Holanda se da un homenaje
Impresionante homenaje al fútbol el que nos permitieron disfrutar en la noche de ayer Holanda y Francia. Un partido que mostró todos los aspectos que engrandecen este deporte, los cuales despertaban ese sentimiento de grandilocuencia en los espectadores enterrados por una temporada mediocre del fútbol español. Las ocasiones de gol se sucedían, las sutilezas, la picardía, la nobleza, el tesón y la lucha encontraron su papel en el escenario. Pero sobre todo, dos estilos propios chocaron sobre el verde césped del rectangular estadio de la ciudad de Berna; El holandés, con su juego de toque y control, y el francés, en donde el orden defensivo inicial dejó paso a una arriesgada apuesta por el ataque basada en la calidad de Ribery que degeneró en la goleada que finalmente encajó la actual subcampeona del Mundo.
La Oranje fue más rápida. Los pupilos de Van Basten se adelantaron a los cinco minutos en la primera oportunidad clara de la que disponían por medio de Kuyt a remate de córner. Francia se hundía ligeramente y parecía chocar continuamente con la muralla anaranjada que suponían Boulahrouz, Ooijer, Gio y Mathijsen. Holanda dominaba, e impuso su ritmo al partido durante los primeros 30 minutos. Pero Francia se recompuso. Tirada por un gran Ribery, un entregado Henry y un acrobático Malouda, los franceses se sacudían el yugo tulipán y gozaban de las mejores oportunidades del partido marchándose al descanso con las manos vacías.
El ímpetu con el que Domenech había arengado a sus jugadores para saltar al campo nada más comenzar el choque comenzaba a mostrar las primeras mellas en su armadura. Francia había sido incapaz de remontar a una selección holandesa que parecía comprender en todas sus facetas el concepto de colectividad futbolística, combinando en su justa medida esfuerzo, sacrifico, compañerismo y entrega; Todo un lujo para la vista.
La segunda parte se escribía con Francia volcada. Robben saltaba al terreno de juego en sustitución de Engelaar y pronto lo acompañaría Van Persie por Van Der Vaart. Van Basten guiñaba un ojo a Domenech: «Este partido se va a ganar por las bandas y al contraataque».
Con la selección gala volcada en la portería tulipán, el gol parecía que terminaría cayendo del lado francés. El árbitro no pitaba un penalti claro por mano dentro del área holandesa. Poco después el delantero del Barca fallaba sólo frente a Van Der Sar, enviando el balón incomprensiblemente por encima de la portería y dejando constancia de que su estado de forma no es el mismo que el de aquel grandísimo jugador que deslumbró en Londres a las órdenes de Arsene Wegner. Sin embargo, parecía cuestión de tiempo que el empate terminase subiendo al marcador. Pero así es el fútbol. Holanda había sabido esperar, y cuando más apretaba Francia, Van Persie hacía el segundo gracias a una soberbia combinación desde la banda izquierda que habilitaba a Robben para servir en bandeja de plata al delantero de los Gunners.
A partir de ahí el partido se abrió y las ocasiones se sucedieron en las dos áreas. Francia no tardó en recortar distancias y dar vida así al partido por medio de Henry, pero Robben sorprendía a todos con un gol que parecía imposible y dejaba constancia de porqué Coupet no puede compararse con el guardameta titular del Manchester United.
Sneijder ponía la puntilla con el cuarto gol y Francia entera caía derrotada a los pies de un Van Basten que parece haber recuperado la fórmula que un día propicio el bautizó de la selección de su país como «La Naranja Mecánica». Resguardada por una defensa sólida y trabajadora, un portero de garantías, un centro del campo capaz, tanto de marear a Gatusso y Makelelé, como de pegarse con ellos por el balón, unos extremos jóvenes y descarados, y un punta de ensueño (Van Nistelrooy parece poseer el don de la inteligencia futbolística), la selección holandesa atemoriza a Europa y muestra sus credenciales de aspirante al título europeo.
Francia plantó cara durante todo momento pero esta Holanda tiene gol. Su contraataque, basado en la velocidad de sus carrileros y la asombrosa solvencia de su punta, resultó mortal en los momentos decisivos. El grupo de la muerte prepara las lápidas de Francia e Italia, las favoritas al comienzo del campeonato en todas las apuestas. Holanda ha demostrado que los sistemas basados en la veteranía y el orden pueden ser superados con magia, inteligencia y una pequeña dosis de ilusión.
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