Por José Bidea, hace 6 meses y 11 días

Sin fútbol y sin goles

Fran YestePese a la inexistencia de barómetros gracias a los cuales podríamos medir el odio que el equipo visitante provoca en el público local, podemos, guardando cierta correspondencia con la realidad, situar al Racing dentro de los corazones de los bilbaínos que visitan cada dos semanas San Mamés. Si el Barcelona es percibido como un digno rival al que batir, y el Real Madrid es el paradigma del odio al contrario, el Racing de Santander se ubica justamente detrás del campeón de Liga.

Si a esta «curiosidad» añadimos la eliminación copera de los vascos a manos cántabras, podemos hacernos una idea del ambiente que respiraba hoy la Catedral ante la posibilidad de complicarle a los de Marcelino su entrada en la UEFA.

Pese al tedio que reinó durante todo el encuentro, los primeros cuarenta y cinco minutos fueron para los de Caparrós, quienes encontraron en Susaeta su mejor baza por la banda derecha desquiciando a la defensa cántabra. Sin embargo la falta de acierto y las imprecisiones en el último pase dejaron el marcador a cero hasta el descanso. Por su parte el Racing apenas logró inquietar la portería de Armando y pareció centrarse en provocar a un poco espabilado Velasco Carballo, quien mostró hasta seis cartulinas al equipo Cántabro, sin haber resultado el encuentro violento en ningún momento.

Medio partido aburrido que hacía presagiar otra mitad de lo mismo. Mucha pelea, mucha brega en el centro del campo y unas defensas que se imponían una y otra vez a los atacantes. Al menos Velasco Carballo lograba animar a la parroquia con sus decisiones arbitrales que perjudicaron al equipo local, al visitante, y al espectáculo en sí mismo. Una actuación la suya en el día de hoy digna de mención, con destacadas epopeyas personales, cómo la de mostrar tarjeta amarilla a dos jugadores del Racing de camino a los vestuarios por ir a hablarle mientras el destacado juez de la contienda se dirigía al túnel del que no debieron permitirle la salida desde el inicio.

La segunda parte, si cabe, fue peor que la primera. Tan sólo una ocasión clara en otros cuarenta y cinco soporíferos minutos. La de Jorge López rematando en el área una dejada de Duscher de cabeza por encima de la portería de Armando. El resto pelea, balones al área, faltas centradas desde el medio campo, córners y más lucha.

Al final del partido con tablas en el marcador, y cómo ya sucediese durante el descanso, Velasco Carballo se llevaba la mano al bolsillo para amonestar a los jugadores que se dirigiesen a su persona. En esta ocasión mostrando la tarjeta roja a un asombrado Fran Yeste que se perderá el último partido en Sevilla.

Por su parte los de Marcelino vuelven a sacar algo positivo de la Catedral que ya debe empezar a sospechar que el odiado equipo cántabro ya no es un rival tan fácil de batir como lo fue antaño, cuando a los leones se les temía tanto como se les respetaba jugando en casa. La realidad, por muy evidente que sea, cuesta digerirla.

Una victoria en la última jornada aseguraría la presencia de Munitis, Colsa y compañía en Europa la temporada que viene. El partido en el Sardinero. El rival, un Osasuna que se juega el descenso y que no quiere despedir la competición con lágrimas. Veremos qué ocurre.

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