Se perdió en la carrera
A los quince años ya estaba entre las veinte mejores atletas de la época, sin embargo, tuvo tiempo para dejar a un lado el atletismo y jugar al baloncesto en la Universidad de Carolina del Norte logrando conquistar el Campeonato Nacional de Universidades. Una joven aplicada, prometedora deportista, sacrificada, el viento huracanado parecía lo único capaz de hacerle perder velocidad en su meteórica carrera.
Antes del momento cumbre de su carrera en el año 2000, Marion ya había vivido grandes instantes de gloria con anterioridad. Los Campeonatos del Mundo de Atenas en 1997 la recompensaron con una medalla de Oro en los 100 metros y otra del mismo color en relevos. En 1998, durante la Copa del Mundo de Johannesburgo, aquella jovencita de 23 años hizo las mejores marcas de su vida en 100 y 200 metros.
Pero si por algo la recordamos todos fue por los Juegos Olímpicos de Sydney en el año 2000, en donde parecía que todo su potencial explotaba y salía a la superficie en forma de gallardía mezclada con su sonrisa. Allí logró ganar tres medallas de Oro (100 m, 200 m y relevos 4x400 m) y dos de Bronce (salto de longitud y relevos 4x100 m). Todos nos deleitamos con aquella potencia con la que la velocista estadounidense dejaba atrás a sus perseguidoras y llegaba exultante a la cinta que separa la gloria del olvido, la que recompensa el sacrifico del entrenamiento a los más abnegados. Aquellas carreras se antojaban como un insulto y un menosprecio a las demás competidoras gracias a la potencia desplegada por la que era reconocida entonces como la mejor atleta del momento. No tenía rival. El pistoletazo de salida parecía una llamada a la naturaleza superior y de un portento físico que no encontraba quien la retase.
Hoy la vemos llorar en los periódicos. Su cara no trasmite ya esa seguridad y esa solvencia de antaño y ello es debido a que su última carrera, la más importante de todas y por la que será recordada siempre, la ha perdido estrepitosamente. Las continuas sospechas que la persiguieron durante su carrera deportiva acerca de su posible dopaje desembocaron en una confesión bañada en las mismas lágrimas que acompañaron la condena: Seis meses de cárcel. Por doparse, por mentir sobre ello y por fraude fiscal. Además, una vez cumplida la condena, Marion Jones deberá pasar dos años de libertad condicional, es decir, vigilada. La Federación Oficial de Atletismo anuló todos sus resultados en las pistas desde septiembre de 2000. Un golpe duro y humillante para quién ha tocado la gloria deportiva.
Esta es la historia de una joven prometedora, cuyas aspiraciones vencieron a su naturaleza competitiva y sus sueños llegaron a apoderarse de ella misma llevándole a infringir las normas que tratan de establecer justicia en una competición. Sus declaraciones hablan mejor que sus carreras sobre ella misma: «Es con gran vergüenza que estoy delante de ustedes para decirles que he traicionado su confianza. Dejé caer a mi familia, dejé caer a mi país y caí yo misma. Les pido perdón por mis acciones y espero que en sus corazones lo puedan hacer». Una vez más lo mundano ha vencido al ideal de gloria que todos creímos y quisimos ver, y ya van unas cuantas...
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