Schuster, esta vez, no quiere opinar
Nos deja esta última jornada de Liga destellos del carisma de ciertos personajes. Por un lado el genial Kun Agüero se consolida como el jugador revelación de la temporada tras su partido frente al Barcelona con dos goles de puro genio. Suyos y de nadie más, aunque el primero estuviese ayudado por Carles Puyol. Provocando un penalti y dando el pase a Maxi para anotar otro tanto más. Increíble lo del Kun participando en los cuatro goles que su equipo, tras un par de semanas negras, lograba encajarle al Barcelona. El Madrid por su parte ganaba al Decano de la Liga, pero el artífice era el añorado Robinho, quien se ha convertido en una pieza clave del combinado titular de Schuster haciendo enmudecer a quienes le veían como otro más de los brasileños de la Liga.
Pero si algo nos deja la jornada que creo debe ser analizado es la espantada de Bernd Schuster. Otro personaje peculiar. El alemán, tan serio como acostumbra, no era consciente de la que se le venía encima cuando se sentaba en la sala de prensa del Nuevo Colombino. Y es que resulta muy sencillo quejarse de los árbitros, o decir en una entrevista que no va a dejar de opinar sobre los mismos, pero mucho más complicado es opinar cuando todos saben que tus palabras de antaño te delatan y corres el riesgo, tú, un tipo serio, de quedar como el hipócrita que quizás lleves dentro, o peor aun, de retractarte... Así que los malintencionados personajes de enfrente no dudaron en preguntar al míster sobre su opinión arbitral. Todo un dilema resuelto fácilmente: Levantándose y abandonando la sala, que viene a ser algo parecido a huir pero con mayor suavidad. Quién domina las palabras domina la opinión del mundo.
Ayer Bernd Schuster aprendió una valiosa lección, la de no opinar a la ligera o en pleno calentón y además no saber rectificar a tiempo, más aun cuando se es alguien habitual en los medios. Estos no perdonan, y están ahí para recordarnos nuestras palabras (para algo tenían que servir). La pregunta es ahora, por lo menos, curiosa: ¿Qué hará el entrenador del Real Madrid en el próximo partido que su equipo vea como el árbitro le perjudica? ¿Mantendrá su palabra y despotricará contra él escribiendo otro insípido episodio en la historia de las quejas arbitrales? ¿O será capaz de callarse y aceptar humildemente que los árbitros a veces se equivocan, unas en nuestro beneficio, otras en el del contrario?
Por otro lado están los árbitros. El eterno dilema, la continua discusión, el enigma sin piedra filosofal. Es cierto que en muchas ocasiones el trabajo los desborda, se agobian, y aparentemente tratan de acaparar más protagonismo del que realmente deberían tener llegando a «cargarse» partidos en algunas ocasiones. Los jugadores tampoco se lo ponen fácil, piscinazos o presiones continuas para que se lleve la mano al bolsillo es la tónica general de los fines de semana. Picaresca española y fintas brasileñas descolocan al conglomerado de nombres raros que forman el arbitraje en nuestro país.
No obstante ya va siendo hora de asumir que resultaría imposible, viendo cómo esta nuestro fútbol en materia de integridad moral, eliminar la figura del árbitro de los partidos, así que supongo, tendremos que aprender a convivir con ellos.
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