Olaizola II impone su pegada en la final de parejas
Día grande en el frontón Ogueta de Vitoria. Se ha disputado la final del campeonato de parejas de pelota mano que ha enfrentado a Olaizola II y Mendizábal II contra Titín III y Laskurain.
Ha salido un día gris, lluvioso, feo para pasear e ideal para acercarse al frontón a seguir la final. Como mandan los cánones de la pelota, antes de acudir al frontón, se terció una buena alubiada y un gran chuletón. Observando la intensa lluvia que golpeaba contra el suelo de la Plaza de la Virgen Blanca, hemos debatido sobre los avatares que decantarían la final de un lado o del otro. Tras las consabidas copas y puros, hemos encaminado nuestros pasos al frontón de la capital alavesa para ver a nuestro paisano, el riojano Titín III, confiados en la victoria.
Una vez ubicados en nuestra localidad, han comenzado los debates con nuestros vecinos de asiento. Navarros, riojanos, alaveses, hemos disfrutado de un ambiente espectacular. Las aficiones han coreado con fuerza los nombres de sus ídolos, compitiendo por desgarrar los oídos de los contrarios.
Con todo este ambiente han saltado a la cancha los protagonistas. Olaizola y Mendizábal de colorado mientras que Augusto y Laskurain portaban la zamarra azul. Tras el calentamiento, la chapa ha dado el primer saque al delantero de Tricio.
La primera parte del partido ha sido de dominio colorado. El navarro, Aimar Olaizola, se ha erigido en el protagonista de los primeros minutos. De su poderosísima derecha han salido la mayor parte de los tantos, tanto para bien como para mal. Los azules se conformaban con los errores del delantero de Goizueta. Con el 7-3 en contra, Titín tiró de manual y mostró el repertorio de golpes que le han hecho acreedor del título de jugador más espectacular de los últimos años. Ganchos, voleas, paraditas en el txoko y una grandísima defensa pusieron de pie a la inagotable afición riojana. El recital del caracolero ha llevado a la pareja azul a mandar 15-7.
En este punto se ha producido la debacle azul. Un fallo de Aritz Laskurain ha llevado al cestaño a la pareja colorada. Aimar ha escogido la pelota que ha dinamitado el partido. Pelotazos y más pelotazos a los cuadros traseros del Ogueta para destrozar al zaguero azul. Olaizola II estaba disfrutando todos y cada uno de los golpes que atizaba al cuero. Titín se ha visto continuamente superado y la afición riojana pagaba con pitos su impotencia ante la superioridad en la pegada del delantero navarro.
Aritz Laskurain, hundido física y mentalmente, ha encadenado una serie de fallos que han dado el partido y el campeonato a la pareja de Asegarce. Aimar ha conseguido el único gran título que le faltaba y sobre su cabeza y la de su compañero se ha posado la ansiada txapela.
Tras la derrota hemos emprendido el camino de vuelta, entre grandes viñedos y preciosos valles, hacia nuestra querida tierra riojana, defraudados por la derrota pero llenos de gozo por el acontecimiento vivido.
No quiero concluir este artículo sin decir que el deporte debería ser lo más grande del mundo. Debería ser lo que uniese a los pueblos, debería ser fuente de camaradería, de generosidad, de pasión y de sentimientos encontrados. Lamentablemente, parte del rebote del Ogueta, no ha entendido que nada ni nadie debe contaminar la fiesta que supone reunir a un grupo de personas para disfrutar del mayor espectáculo del mundo.
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