«Manual de buen fútbol» por Manuel Pellegrini
Como si se tratase de un oasis en el desierto, viene a mi memoria la goleada del Real Madrid al Villareal en la primera vuelta (1-5), y trato de discernir si no será mi memoria que me juega una mala pasada. Así pienso mientras veo jugar al equipo de Pellegrini frente al Atlético de Madrid, cuarto clasificado al margen de lo que ocurra el domingo en el resto de partidos.
El modo en que el equipo local supo amarrar al combinado madrileño ha sido digno de enmarcar y lo coloca segundo tras la derrota del Barcelona en el Ruiz de Lopera apuntando a un líder herido que aspira a recuperar la racha de resultados mañana con la visita de un -quien-sabe-qué- Sevilla. Hoy el Villareal ha sido el equipo perfecto sobre el césped sin dar una sola oportunidad clara de gol a uno de los mejores combinados de nuestra competición.
Y es que el juego del Villareal es precioso en casi todas sus líneas. Si de calidad futbolística sobre el campo dependiese la Liga, seguramente el equipo de Pellegrini la mereciese ostentar en sus vitrinas por delante de los equipos punteros de nuestra competición. Hoy, frente al Atlético de Madrid, y pese a los fallos defensivos de estos, su manera de maniatar a Forlan y al Kun es, por lo menos, digna de mención, por no decir que ambos atacantes van a recordar con miedo el estadio que hoy los ha visto, tan sólo correr.
Pero no sólo del orden defensivo sobrevive un equipo. Robert Pires no parece tener 34 años, más bien se asemeja al jovencito técnico y espabilado que el día de su debut quiere hacerlo bien, apoyar al equipo y agradar a la grada. Justo detrás de él está Senna, o Bruno, o Eguren, quienes no están dispuestos a dejarle sólo en ningún momento. Siempre dispuestos a recibir el balón, a incorporarse al ataque junto a los carrileros Capdevila o Javi Venta que parecen dueños y señores de los lados del campo.
En la parte más adelantada del campo están Cazorla, el jovencísimo Rossi, Nihat, Guille Franco, Cazorla, da igual, parece que quien salga lo hace bien, y eso sólo ocurre cuando un equipo está en muy buena forma, o para escenificarlo de otro modo, «en estado de gracia».
Así parecía hoy el Villareal sobre el césped del Madrigal. Hace pensar a muchos sobre el título de Liga ahora que Madrid y Barca siembran tantas dudas. ¿Será el Villareal un aspirante real al título? ¿Hemos sido justos con él a lo largo de la temporada?
Faltan unas cuantas interesantes jornadas para poder dilucidar estas incógnitas, sin embargo, que bonito sería que este equipo ganase la Liga. Que estatua le pondrían al bueno y listo de Pellegrini en la ciudad, francamente, se la merece.
Hoy Nihat por partida doble y Cazorla, han dado tres puntos a un equipo fantástico, resultón, práctico, listo y ordenado, mucho más de lo que suele verse en los partidos que Madrid y Barca suelen ofrecernos.
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