Cuestión de concepto
Tanto hablar de la Liga, del Madrid, del Barça, de Ronaldinho y su más que segura salida del equipo en verano, de Clemente y sus recomendaciones para disfrutar de las fiestas, nos había hecho olvidar que en junio hay Eurocopa y España vuelve a participar en una fase final junto a los más floridos equipos del continente. Parece que el asunto de Raúl se ha desactivado a pesar de que algunos sigan desacreditando la decisión de Aragonés y a decir verdad tampoco es un asunto importante. Lo realmente determinante es que España juega, ahora sí que lo hace, que el equipo que cayó en Alemania contra la Francia capitaneada por el eterno Zidane ha crecido, ha madurado y transmite buenas sensaciones, muy buenas aunque suscribiendo totalmente las palabras del seleccionador no se puede pensar que esta selección es una de las grandes favoritas.
Y qué mejor modo de probarse que medirse con el actual campeón del mundo, con la Italia que levantó el cetro mundial en Berlín demostrando que al fútbol se puede ganar sin jugar al fútbol. La cita era en Elche, con el estadio abarrotado y con la selección que, salvo sorpresas de última hora, será la que viaje a Austria. Desde hacía muchos años España no jugaba a nada reconocible. La selección parecía más fruto de la inercia que resultado de un plan. Con Camacho hubo diversión, y mucha frustración a cuenta de un infame árbitro egipcio que, junto a Tasssoti, ocupa el altar de los odios futbolísticos patrios, pero no había nada claro. Cuando Aragonés llegó prometió rejuvenecer el equipo y lo cumplió. Después dijo que España debía aprovechar su producto más cotizado que en aquel momento eran los extremos, pero fracasó porque ni Vicente ni Joaquín estuvieron a la altura de las circunstancias. Como última salida, Luis fue consciente de que lo que de verdad produce España son medios, medios bajitos, rápidos e inteligentes, muy inteligentes.
Por eso España juega con un solo punta y cuatro medios por detrás que no paran de moverse, de ofrecerse, de ayudar y de dibujar pases imposibles. Así lleva España jugando más de un año demostrando que esta vez sí se ha dado con la tecla adecuada. Salió Torres en punta perfilándose como el titular en la competición, no en vano su magnífica temporada en Inglaterra le avala, pero no estuvo muy fino. España se hizo con el control del balón a los pocos minutos. Senna se asentó en el círculo central y los cuatro pianistas hicieron su trabajo, moviendo, tocando y buscando el momento justo para asestar el golpe. Los italianos es uno de esos equipos que, sin tener la bola, infunde miedo. Es una sensación curiosa, pero real. Su concepto de juego es diametralmente opuesto al español. Italia desea ser dominada; España sólo está diseñada para dominar. Con los italianos, todos los italianos, detrás del balón había que buscar y buscar y, aunque España no cosechó oportunidades de peligro a excepción de la de Torres, las sensaciones fueron buenas.
La segunda mitad comenzó con un curioso cambio de guión. Donadoni, en un exceso cultural, adelantó la defensa y durante al menos diez minutos Italia pareció la de Sacchi con presión en la salida del balón del contrario. Al adelantar la línea defensiva, los espacios se multiplicaban pero España no los aprovechó y resistió los tirones de los italianos. El juego «arriesgado» de Italia murió en los pies de Gattuso y el balón volvió a los los españoles, a los dominios de Xavi e Iniesta que quizá sea hoy por hoy, junto a Guti, el mejor jugador español. Los minutos pasaban sin que España materializase ninguna ocasión. A diez minutos del final, cuando empiezan los partidos para los italianos, se podía medir con exactitud el músculo de España. Sin perder los nervios el planteamiento seguía siendo innegociable: ni un mal pelotazo, ni un balón rifado. Tanta fidelidad tuvo su recompensa cuando Villa empalmaba con la zurda un balón a la escuadra derecha de Buffon. De su propia medicina. Con el marcador a favor, España siguió tocando y lo que es más importante, no recibió ninguna ocasión.
Aunque sean amistosos y la crítica fácil, lo cierto es que España ha batido en el último año a Inglaterra, Francia, subcampeón del mundo e Italia, una muy buena carta de presentación. Sin embargo y como se podía prever (al fin y al cabo somos españoles) hay dudas. La primera es si este equipo posee el tono competitivo adecuado para ganar los partidos de verdad en la Eurocopa. La segunda está relacionada con el juego. El día que sale, el disfrute está garantizado, pero si no sale no parece que España tenga un plan B. Además existe otra pega: se necesita jugar muy bien para ganar, si no, se sufre. Sea como fuere este equipo presenta una cara bonita, un juego atractivo que esta noche a vencido a la otra concepción, a la de los italianos. Decía Lippi esta semana que el catenaccio no existe, que es un invento para desacreditar al aguerrido y milenario fútbol azzurro... Excusatio non petita, accusatio manifesta.
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