Por Ignacio Ampudia, hace 4 años y 5 meses

Solvencia, oficio y buen juego

Ramos Despeja Contra LazioHabía tensión. Contenida, pero tensión al fin y al cabo. Porque hubiera sido un fracaso estrepitoso que el Madrid de Schuster, el campeón de Liga, no alcanzase los octavos de su competición, la Champions, la que adorna sus vitrinas y ha convertido el club en mito. En temporadas pasadas nadie habría dudado de la capacidad del equipo para solventar con oficio la tesitura de llegar a la última jornada de liguilla sin la clasificación asegurada. En temporadas pasadas se habrían barajado algunas excusas como las lesiones, una mala noche en cualquier campo del norte de Europa o la inmedatez de un proyecto aún demasiado verde. Aun a pesar de todo, nadie habría dudado de la profesionalidad de la plantilla. Sin embargo no no podemos engañar: todo el mundo espera la caída del Madrid. No se sabe cuándo, ni ante qué rival ni en qué competición, pero parece evidente que, en realidad, no se cree en este equipo.

¿La razones para no creer?. Se me escapan, pero creo que la incredulidad es uno de los motores de esta incertidumbre. No resulta demasiado creíble que el mismo equipo que aburría bajo el mando de Capello (aburría el juego pero no las últimas diez jornadas de Liga) haya mutado tan rápidamente como para constituir una alternativa fiable a la tiranía del Barça en España. Y mucho menos que sea el equipo que desafíe al Milán, el Chelsea o el Manchester. Más bien parece que el Madrid es tratado como ese alumno que lleva unos años deprimido y que empieza a salir del agujero. No es cuestión de taladrar el ánimo del que se levanta. Por eso todo son buenas palabras, euforia paternalista y voto de confianza y veamos hasta dónde puede llegar.

El Madrid que aplastó al Lazio en cuarenta minutos recordó al Madrid de otras épocas, a aquel equipo que desprendía un aura vencedora que cegaba a los rivales. No dio ninguna opción a los romanos, un equipo mediocre que llegó a la Champions gracias al Moggigate y demás decisiones puramente administrativas y que ahora pena en mitad de la tabla a la espera de algún golpe de suerte. La suficiencia fue la virtud del Madrid ayer en Chamartín. Nada de especulaciones, nada de tanteos. Era imprescindible ganar y pasar como primeros de grupo. Y desde el comienzo se vio que el destino del Lazio era el de aguantar los golpes de los madridistas a ver hasta dónde aguantaban. Lo hicieron hasta el cruel disparo de Baptista que el prejubilado Ballota ni siquiera intuyó. Dos minutos después Raúl marcó de cabeza y Robinho puso la puntilla a un encuentro al que le sobró el segundo tiempo.

El ascenso de Baptista es una de las noticias más esperanzadoras para el Madrid que tiene en el medio campo su línea más frágil. Y no es que la defensa pudiera ser titular en la selección italiana pero conjuga experiencia con brio, lo cual no es poco para el club. La delantera, sin aportar los nombres más pesados del actual panorama futbolístico, mantiene a los dos máximos goleadores de la historia de la Champions y una estrella en ciernes que parece haber encontrado por fin el tono exigido para jugar uno de los clubes pertenecientes a la aristocracia del fútbol mundial. Raúl quiere un equipo con nombre para octavos, como el duelista que quiere enfrentarse con el mejor pistolero. Este Madrid tiene hambre y parece que galones para sentarse en primavera en la mesa de los mejores. 

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