Por Ignacio Ampudia, hace 1 año

España estará entre los 16 mejores de Europa

Sergio Ramos VolteretaDesayunaba esta mañana leyendo los vaticinios de John Carlin acerca de la proyección en el futuro de la Liga española en comparación con la Premier. Según él, España corre el riesgo de ver cómo su competición nacional queda relegada a un segundo o tercer plano en el panorama internacional. El fútbol inglés ha experimentado una mutación considerable en pocos años: cada vez hay más jugadores extranjeros, incluso equipos como el Arsenal apenas cuentan con un par de ingleses en la primera plantilla, los entrenadores comienzan a ser importados y ya ocho clubes de primera están en manos de inversores extranjeros con resultados dispares. A pesar de que los sueldos sean similares en Inglaterra y en España, los jugadores prefieren jugar en suelo inglés por aquello de los ingresos extrordinarios que no se relacionan directamente con su trabajo, o lo que es lo mismo, publicidad, galas, presentaciones de colecciones de moda y demás eventos erótico-festivos.

Si el fútbol en España va a entrar en decadencia y va a dejar de interesar al mundo es de esperar que la prensa deportiva opere en sentido contrario con la única intención de amarrar su sustento. Me parece algo doloroso (e incluso paradójico al escribir en un espacio dedicado al deporte) la cantidad de tinta que se derrama para hablar, discutir, analizar, comentar o diseccionar el fútbol una vez que los partidos han concluido y los focos de los estadios se han apagado. No existen certezas en el discurso deportivo. Todo es tan efímero como el mundo en el que nos movemos, en pocos minutos estás gobernando el mundo o en las alcantarillas. Ayer, mientras veía a España, pensaba en todas estas cosas porque primero, no hay nada mejor que un partido de la selección para no atender al fútbol y segundo, encarna el paradigma perfecto.

Hace poco más de un año Aragonés era el demonio y Raúl su lacayo. España no estaba capacitada para ganar ni a Belice (en caso de que tenga selección) y no había ni rastro de nada parecido al fútbol. La selección estaba mayor, no se encontraba a sí misma, no había bandas ni medios, la defensa era un desastre e incluso parecía que la tan temida desmembración de la nación estaba afectando al combinado. Un oceáno de tinta para definir qué es lo que ocurría y cuáles eran las medidas adecuadas para evitar el bochorno de no estar en la Eurocopa. Aragones no volvió a llamar a Raúl y creo que, desde el 23-F, nada había conmovido más el ánimo de los españoles. Incluso aquellos que odian el fútbol  acabaron por entrar en la rueda de opiniones. Se había producido el cisma.

Sin el que debía tirar del carro se apostó por el juego de bandas que evidentemente fracasó. Parece que encargar algo a Reyes o a Joaquín no es un buen negocio. Luego se dice que Guti es la eterna promesa. Otro revuelo. Sin bandas, ¿dónde vamos?. Resulta que tenemos centrocampistas de sobra, quizá los mejores del mundo en su puesto, así que por qué no ajustar el planteamiento del equipo a estas virtudes. Se hizo, la selección empezó a funcionar, a ganar partidos y a desplegar un juego interesante. Mientras, el espíritu de Raúl sigue sobrevolando cada concentración. Si ya nadie cuenta con él, lo mejor es que nadie hable de él. Que lo haga la prensa parece lógico porque a fin de cuentas no van a reconocer que se equivocaron crucificando a este equipo, pero que lo hagan los jugadores parece más una inmolación que otra cosa. Por mí el asunto de Raúl queda enterrado.

Entre unas cosas y otras ayer España pasó por encima de Suecia en un muy buen partido en el que los suecos demostraron que no son nadie en esto del fútbol y que la banda derecha de España apenas se utiliza a pesar de tener al nuevo Maldini como lateral. Iniesta es la mejor noticia para España. Creo que ya lo dije y lo diré siempre, aunque es cierto que pegado a la banda pierde consistencia pero mientras Aragonés siga poniendo a Albelda en el pivote, el manchego, si juega, lo hará allí. Preocupa lo de Fábregas, tan colosal en los gunners y tan ínfimo en la selección y lo de Villa, en un pésimo momento de forma. Finalmente la clasificación se consiguió jugando aceptablemente y eso ha desatado una suerte de euforia contenida en los medios españoles. Parece que no se quiere repetir el error del favoritismo de las anteriores fases finales que se me vienen a la memoria. Las cosas no parecen negras. Ahora son blancas, tal y como es propio en el mundo dicotómico y maniqueo del fútbol.    

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