Por Ignacio Ampudia, hace 7 meses y 21 días

Duelo de púgiles en Werderstadion

Rosenberg Marca El PrimeroHacía mucho tiempo que no se veía un partido de fútbol tan atractivo y emocionante como el de esta noche en el Werserstadion de Bremen. Quizá el aficionado madridista no comparta esta visión porque a fin de cuentas los colores pesan y duelen pero para cualquier espectador el espectáculo ha sido más que brillante. Es de agradecer que aún queden equipos como el Werder Bremen, una escuadra que no especula, que ataca más que defiende, que combina, que no rifa el balón y que, por supuesto, mantiene la posesión con brillantez y sentido. Jugaron así en el Bernabéu y lo han hecho ante su público. Y han ganado. 

Siguiendo un guión que comienza a ser recurrente en los partidos de este nuevo Madrid, antes de cumplirse los cinco primeros minutos, los de Schuster ya habían encajado un gol. Rosenberg remataba en semifallo un balón que se paseó por el área madridista sin que ninguno de sus centrales pudiese despejar. Otra vez Ramos hizo de espectador y de Metzelder no hubo noticia. El duelo era vibrante. De ida y vuelta, sin protagonismo del medio campo. Gago desplazaba hacia los costados y el ataque estaba servido. La banda derecha del Madrid no funcionó porque Ramos ha hecho uno de los peores partidos que se le recuerdan desde que llegó a Chamartín.

Por la izquierda Robinho volvía a demostrar que, hoy por hoy, es el activo más efectivo del ataque madridista. Empataba el encuentro en el 13' con un precioso remate ajustado al palo izquierdo de Vander y los ánimos se templaban. El Werder bajó la intensidad de sus ataques y el Madrid comenzó a dominar el medio campo. Pero no materializó ninguna de sus oportunidades y en el 39', en una contra de manual dirigida por el misil Rosenberg demostró que ni Gago es un velocista ni Metzelder tiene enjundia como defensa. Tras una carrera de cincuenta metros, el delantero colgó y Sanogo remató de volea poniendo el 2-1 en el marcador y cara de circunstancias en los madridistas.

El segundo tiempo comenzó como el primero: embestidas terroríficas del Werder que se materializaron en el 3-1 en otro desajuste defensivo, esta vez por la banda de Marcelo. Absurda salida de Casillas y la sensación de tener que escalar una montaña. Schuster movió el banquillo cuando necesitaba mantener la posesión del balón y quitó a un más que correcto Gago por un más que deficiente Higuaín que parecía jugar con chanclas de playa. El Madrid no le perdió la cara al encuentro, pero ya parecía estar más entregado a la épica que al juego. Robinho seguía siendo lo más destacado por la izquierda. Con tanto empuje llegó el 3-2 firmado de manera sublime por van Nistelrooy. Schuster decidió otro cambio: Robinho por Robben, lo que significó la desaparición de la banda más peligrosa del Madrid. Sin embargo la sensación de que cualquier cosa podía ocurrir seguía manteniendo con vida al Madrid. También al Bremen, que no se arrugó y siguió con su planteamiento netamente ofensivo en busca de la victoria. No consiguió el KO pero si una bella victoria a los puntos que deja el grupo C sin decidir. Habrá que ganar al Lazio.  

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