Por Ignacio Ampudia, hace 2 días

Mientras dormías

El Madrid Celebra Un GolHay que reconocerlo: dejando a un lado fobias y filias, aficiones y colores, por regla general el fútbol es un deporte aburrido. A pesar de lo que se diga, existen diferencias abismales entre los equipos grandes y todos los demás. En España el caso es similar al italiano: dos grandes, dos o tres con ínfulas de grandeza y una clase media, media-baja que normalmente no pone demasiadas pegas a los argumentos de los grandes. La Liga ha pasado a ser cosa de dos, y además de forma definitva. El Barça no afloja ni jugando con uno menos de la misma manera que el Madrid no ha cedido ni un solo punto en su campo. Observando el panorama, el partido entre Madrid y Barça a principios de primavera será determinante teniendo en cuenta que el calendario de visitante de los blancos es bastante más asequible que el de los culés.

Y precisamente fue contra el otro equipo de la capital catalana contra el que el Madrid sesteó la noche del sábado. El Espanyol, que aún padece las traumáticas consecuencias de la muerte de su capitán Jarque durante la pretemporada, huele a Segunda División. Con un once plagado de suplentes, sigue penando por los campos de primera. Cinco meses sin marcar a domicilio da una idea exacta de la situación de un equipo privado de sus principales figuras y que hace sólo dos o tres años alcanzó la final de la UEFA. El Madrid, ajeno a los rivales, sigue inmerso en su proceso de identificación. Recuerda a un niño de seis o siete años en busca de su lugar en el mundo. Después de la victoria en Coruña se abrió un nuevo debate sobre el centro del campo: ¿doble pivote o Alonso sin guardaespaldas?. Desde luego que el Madrid juega mejor con Alonso en solitario en la media vigilando los huecos que dejan Guti, Granero y Kaká. Esta semana algún directivo de esos que siempre hablan para El País dijo que el Madrid destruye más juego en Chamartín que fuera de casa. No creo que sea una cuestión de casa o no casa. Es una cuestión de Lass.

Por primera vez en lo que llevamos de temporada, Pellegrini repitió once inicial, con un medio de campo de creación y toque y Benzema y Raúl en punta. En la retaguardia, Ramos demuestra que es mejor central que lateral y Arbeloa comienza a descolgarse en ataque con inteligencia. Marcelo se ha asentado en un equipo en el que a priori no tendría sitio. Ahora hace las veces de lateral y por el momento no lo ha resuelto mal aunque habrá que ver qué ocurre cuando se vea exigido por extremos de calidad. Con esos hombres, el Madrid dio un auténtico repaso al Espanyol en la primera mitad. Ramos abrió el marcador  en el 6' con un remate de cabeza desde el punto de penalti mientras Raúl disfrutaba de cuatro ocasiones claras, una de ellas apovechada en el 30' por un Kaká que, sin ser el de Milán, empieza a funcionar.

Presionando la salida del balón en la primera línea españolista y contundente en el corte, el Madrid gobernó el encuentro a placer y de no ser por la ansiedad de Raúl, el resultado en el descanso podría haber sido de escándalo. Raúl quería demostrar algo. Es increíble que siga creyendo que tiene que hacerlo cuando en realidad ya lo ha hecho durante muchos años. Sabe que su tiempo se termina. La vuelta de la enfermería de Higuaín y van der Vaart y la sanción cumplida por Ronaldo significan que sus opciones se reducen cada vez más. Sin embargo, y para suerte de todos, ese debate no ha sido agitado por misma prensa que crucificó a Aragonés cuando dejó de convocarlo para la selección. Ésa es la objetividad tan pregonada por los medios de este país. Todas estas cosas (y otras que no pueden publicarse) pensaba mientras asistía al bodrio de la segunda parte en la que el Madrid echó el cierre y el Espanyol pedía cita para un buen psicoanalista. Nada ocurrió a excepción de la vuelta de Higuaín que marcó el 3-0 defintivo después de un soberbio control y una perfecta definición que cerró uno de los partidos más aburridos del año. 

Por Ignacio Ampudia, hace 16 días

Adiós a un grande

Despedida Van NistelrooyLa despedida del grandísimo Ruud van Nistelrooy en el césped del Bernabéu evidenció que en este nuevo Madrid ya no hay sitio para la veteranía. El Madrid de hoy es un equipo adolescente, un equipo bravo y bisoño en ocasiones que valora la explosividad por encima de la colocación. Van Nistelrooy, al que el Madrid debió fichar un par de años antes de lo que lo hizo, llegó de la mano de Capello en aquel «proyecto» de emergencia diseñado por Calderón y Mijatovic que devolvió la Liga a las vitrinas de Chamartín pero que no logró convencer a casi nadie y que trajo de vuelta a Pérez para dar abrir las ventanas del club. Con la despedida del holandés, que ahora probará suerte en Alemania, se comienza a cerrar un ciclo agridulce en la historia de los blancos que concluirá con la despedida de Raúl, pero algo dice que el momento que tantos ingratos desean no se dará esta temporada.

El Malaga era la nueva víctima. Los de Pellegrini no han cedido ni un solo punto en casa durante la primera vuelta y si el Barça no siguiera siendo el Barça, este Madrid se llevaría la Liga de calle. Por primera vez en toda la temporada los madridistas contaban en su once inicial con todos los fichajes del verano, especialmente en punta, con el llamado a ser el tridente mortal: Kaká, Ronaldo y Benzema. Por detrás, en la creación, un incontestable Guti que, liberado de cualquier tarea defensiva, ha vuelto a demostrar por qué es un jugador diferente, un jugador de clase que ve pases donde los demás ven sombras. El Madrid funciona con una estabilidad más que notable. La línea de presión empieza a ser efectiva y se adelanta hasta la línea defensiva del rival, nada nuevo en el mundo del fútbol pero sí en el Bernabéu.

Con Lass y Alonso abrochando al equipo, los cuatro en punta tratan de combinar con velocidad pero es evidente que determinados movimientos aún no funcionan. Benzema arroja detalles de gran futbolista pero parece hablar un idioma diferente al de sus compañeros, con excesiva querencia a las entradas por el centro y facilidad para los apagones creativos. Por fortuna Guti ha decidido volver a ser futbolista y dos magníficos pases suyos significaron los dos tantos que dieron la victoria a los blancos. El primer tanto, una obra de arte al primer toque, nació de las botas del canterano, Benzema abrió a la banda que corría Kaká que puso un pase al corazón del área para que Cristiano remachara y rompiera así su racha negativa en 2010. El segundo tanto mostró la pegada de este equipo: Guti para Ronaldo que, desde la frontal, fusiló la portería andaluza con un disparo seco y teledirigido.

Con el 2-0 en el descanso, el encuentro apuntaba a goleada pero la luz del Madrid se apagó cuando, mediada la segunda mitad, el maravilloso y mayúsculo Pérez Lasa expulsó a Ronaldo después de soltar el codo en la nariz de un rival que, haciendo falta, trataba de frustar un intento de contragolpe. Antiguamente el Madrid se descomponía en situaciones similares pero el control del balón siguió del lado local. Sin ocasiones reseñables ni pólvora en la delantera visitante, el Madrid volvió a sumar una nueva victoria el día en que se despidió uno de los mejores delanteros de las últimas dos décadas. ¡Hasta siempre, Ruud van Nistelrooy!. 

Por Ignacio Ampudia, hace 30 días

Carburando bajo la nieve

HiguainMuchos quieren ver crisis en Barcelona, decadencia, fin de ciclo, falta de ambición después de una temporada inolvidable. Decía Guardiola que todo lo que pase a partir de ahora es negativo. No le falta razón. Lo único que se puede hacer es igualar la gesta, en ningún caso superarla. Y esa predicción del derrumbe, muy propio de la caverna mediática españolista como diría Laporta, ese futurible candidato a un modesto escañito en la Generalitat, coincide con un nuevo año, el año en que el Madrid está llamado a derrocar la tiranía del Barça. El Madrid de los mil millones de euros terminó el año registrando una evidente mejoría en su juego desde el partido en el Camp Nou. Con un mes de enero muy tranquilo, demasiado tranquilo para un equipo de su categoría, parece que las cosas empiezan a carburar en Chamartín. Todas las estrellas están a disposición de Pellegrini y el conjunto juega como tal.

El Mallorca llegaba al Bernabéu con el marchamo de equipo revelción de la primera vuelta. Resulta sorprendente que un club sometido a constantes marejadas institucionales haya llegado tan alto en la primera fase del campeonato. El eterno Manzano ha armado un equipo aseado con retales de aquí y allá a pesar de que cada verano ve volar de la isla dos o tres jugadores de cierta categoría. Los baleares se muestran intratables como locales y rocosos cuando visitan y por eso el choque contra el Madrid gozaba de buen cartel. La temida nevada en Madrid añadía picante al asunto. Pero el Mallorca no tuvo nada de lo que suele tener ante un Madrid que gana enteros en cada jugada. La ausencia de Lass y Ramos presagiaban problemas en las coberturas defensivas, más cuando uno de los sustitutos naturales del francés es Gago. Gago quiere irse, quiere jugar el Mundial y sabe que en este Madrid es un jugador menor, pero el partido que ha hecho contra el Mallorca desmiente  momentáneamente todo lo que se piensa sobre él. Soberbio en el corte y la recuperación, rápido en el desplazamiento y afinado en la colocación, ha firmado una de sus mejores actuaciones con la camiseta blanca. Aun así, volverá al banco porque que Gago tenga continuidad en su juego es más que improbable.

El argentino lucía porque sus compañeros también lo hacían. Pellegrini sacrificó a Benzema con la vuelta de Kaká. El brasileño formó con van der Vaart y la mezcla no fue mala. Los blancos se ofrecían por bandas y por el centro, con una defensa sólida y segura, con combinaciones constantes y buenas ideas. Y en ese aluvión llegó el primero en el 7' tras disparo magistral de Higuaín, el eterno cuestionado que se ha ganado un sitio en el once con goles y entrega. Después del gol el Madrid no perdió la cara al encuentro a pesar de que era la peor noche para jugar a nada. Se mantuvieron el orden, las líneas apretadas y la movilidad. Y algunos más pudieron caer mientras el Mallorca se resignaba ante un rival muy superior. La mala noticia llegaba en forma de lesión de van der Vaart, sustituido por Granero en el 20'.

En la reanudación los de Manzano salieron con ganas de mejorar su triste imagen y durante algunos minutos el Madrid se descompuso pero el equipo es una centella en la contra y un martillo en la definicion. En un desborde perfecto de Cristiano llegaba el 2-0 en las botas de Granero en el 50'. Y ahí terminó el encuentro porque ni el Mallorca levantó la cara ni el Madrid quiso devastar al equipo revelación a pesar de que Cristiano nunca quiere quedar fuera de foco. El portugués,  excesivamente barroco en ocasiones, lo intentó por todos los medios pero se quedó sin su habitual gol. Visto lo visto, los goles serán determinantes esta temporada en la que Madrid y Barça han demostrado estar dos o tres escalones por encima de los demás equipos. Que el Mallorca esté en puestos europeos ofrece una perfecta imagen de lo que es la Liga en la que juegan dos titanes y todos los demás. ¿Crisis en el Barça?. Pregunten en Tenerife.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 27 días

Oficial y caballero

Higuain Celebra Un GolDespués de la exhibición del chico de los 100 millones de euros el pasado miércoles en Marsella, el Madrid visitiba Mestalla, una de esas plazas en las que no se ganan ligas pero sí autoestima, y de eso los blancos empiezan a saber algo. Nunca hubo una derrota tan balsámica como la del Camp Nou. Desde aquella noche, el Madrid ha empezado a mostrar síntomas que invitan a la esperanza solventando encuentros complicados, llenos de patadas y tensión, en los que hacía falta algo más que arte. Hacía falta oficio y, a falta de componer la gran sinfonía, el Madrid empieza a parecer una banda de hard-rock, contundente atrás y determinante en punta. En el otro lado, el Valencia de Emeri, un Valencia que no es aquel aburridísimo equipo que construyó Benitez y poco a poco, impulsado por el estilo de sus atacantes, va transformando su identidad de conjunto granítico a conjunto vertiginoso que imprime gran velocidad a sus acciones de cara a la portería rival. Mata, Silva, Pablo Hernéndez y Villa son una magnífica noticia para el fútbol español y para los ché, pero al Valencia le falta lo de siempre: alguien que sepa jugar al fútbol en la media. Banega, sin ser un genio pero tampoco el mismo zote que jugó en el Atlético, apunta maneras pero no puede sostener al Valencia en solitario y entre carencias y errores el Madrid se llevó los tres puntos.

Fue un partido entretenido, de alternativas, disputado y aguerrido, con Marchena haciendo lo que mejor sabe hacer, es decir, nada relacionado con el fútbol. Ahora que juega  en el centro del campo acompañando a Albelda en la destrucción, su labor le debe parecer poco artistíca así que, muy de vez en cuando, el sevillano se descuelga con intentos de pases que jamás habría soñado. Parece ser que en Valencia le comparan con Laudrup, pero sólo comparte con el gran danés el pertenecer a la misma especie. A los dos minutos de juego Marchena ya recriminaba a Ramos una supuesta entrada terrorífica; veinte minutos después era Benzema el que contemplaba con pasmo la irritación de ese supuesto futbolista. Superado el cuarto de hora inicial en el que el Valencia fue un ciclón, el Madrid tomó el mando y comenzó a jugar, sin Kaká y sin Cristiano, con Benzema e Higuaín en punta y van der Vaart de enganche. Después de ocho o diez jornadas alterando el esquema, parece que Pellegrini ha dado con la clave: tres medios, un enganche y dos puntas, y en ese dibujo se colocarán las piezas necesarias cuando estén los buenos.

La línea defensiva del Madrid comenzó a adelantar metros, lo cual no es sencillo teniendo delante a Villa. Pepe, que se ha convertido en el mariscal de la zaga, neutralizó uno tras otro los intentos del Valencia de llegar hasta Casillas mientras Benzema e Higuaín se buscaban la vida en el área rival. El empate se confirmaba en el descanso aunque para el Madrid había una malísima noticia: Pepe caía lesionado en un salto con Villa. Sus gestos y la mano en su rodilla derecha hacían pensar lo peor como parece que va a ser, entre tres y seis meses de baja a la espera de las pruebas definitivas.

La segunda parte tuvo en mismo guión que la primera: salida en tromba del Valencia y pinchazo a los diez minutos con el gol de Higuaín que remató una internada perfecta de Benzema. El Valencia no se vino abajo y Villa empató en el 59' tras monumental cantada de Casillas. A partir de ese momento el Valencia perdió el partido. Empujados por su público y por la ansiedad de demostrar que son un equipo capacitado para pelear el título, los de Emeri se revolucionaron en exceso y perdieron la posición. Cuando se quisieron dar cuenta su entrenador se desgañitaba en la banda pidiendo cordura mientras los laterales atacaban junto a los centrales y los medios cerraban. Una locura táctica en la que el Madrid se manejó con gran soltura, entendiendo qué necesitaba el partido en cada momento. En el 65', Marcelo aprovechaba el guirigai valencianista, cruzaba el frente de ataque de lado a lado y ponía un balón interior para que Higuaín firmase el 1-2 y el Valencia demostrase que aún le falta un escalón para ser lo que quiere ser. Con media hora por delante y un empate a un gol un equipo no puede volverse loco. Sin embargo el Madrid no contaba con una nueva cantada de Casillas que flojeaba ante un disparo de Joaquín en el 80'. Mucho premio para el Valencia, que en un nuevo error de concentración encajaba el 2-3 en el 83' por obra y gracia de Garay en un remate imposible, de espaldas y de cabeza. El Madrid, con el viento a favor, cerró el encuentro con una victoria de esas que suman autoestima y demuestra que ha encontrado el camino, aunque habrá que ver si la lesión de Pepe no supone un contratiempo en su franca mejoría.

Por Ignacio Ampudia, hace 2 meses y 11 días

La diferencia está en el balón

Xavi Y KakaEl 2-6 dolió, y mucho, y el madridismo pedía una venganza, una reparación del agravio, la cabellera del Barça o algo que poder llevarse a la boca después de la expectación, las presentaciones made in Hollywood del verano y la cantidad infame de dinero que se ha invertido para que el Madrid vuelva a ser un equipo temible. Pero todo eso se pide porque hay que hacerlo, porque es lo que toca, simplemente, y sostener que se iba a ganar al Barça era mucho sostener. No hay que ser Ockham para saber que los axiomas más sencillos suelen funcionar, y si al fútbol se juega con un balón lo apropiado sería organizar las cosas a su alrededor. El Barça se acogió a esta idea hace dos décadas y, después de pasar años de hambre y penurias, ha alcanzado un grado de excelencia indiscutible dando el control a los que saben mover el balón. La idea que maneja el Madrid es bien diferente. El Madrid es un equipo posmoderno, un equipo de identidad voluble, transitoria, caduca, que ha tratado de anclarse a ese oscuro asunto de la garra y la fe para darse sentido en el discurso que no en el campo, y entre presidentes-constructores-jugadores de dominó-fumadores de puros tardofranquistas que algún día desearon instalar el panteón familiar en la planta noble del Bernabéu y jugadores mediocres sin nivel ni para jugar en la Play, el Madrid aún paga por la delirante secuencia de errores que lo ha llevado a observar al Barça con distancia y ansiedad.

Después de demostrar ante el Inter que de este Barça no se debería dudar, Guardiola intentó durante la semana resolver el puzzle sin descubrir la estrategia, y cuando todo el mundo pensaba que el que se quedaría en el banco sería Messi, el argentino fue titular e Ibrahimovic fue quien se sentó con los suplentes. En el Madrid era pecado mortal no alinear a Cristiano y sí a Raúl, por eso Higuaín salió junto a Kaká y Cristiano; de Messi se encargaron Marcelo y Arbeloa hasta que el argentino se cansó y se cambió de banda donde le fue algo mejor. Henry ya no da miedo y con Messi al 70%, el escenario no parecía demasiado malo. Pellegrini dijo que el Madrid jugaría al ataque y no se arrugaría. Sólo se cumplió la segunda promesa porque la primera, además de no ser creíble, es una quimera. El Barça tardó menos de un minuto en hacerse con el control del juego mientras el Madrid esperaba detrás de la línea de medios. De vez en cuando los tres de arriba hacían un tímido intento de presión que el Barça resolvía con precisión cartesiana. Sin embargo los de Guardiola se bloqueaban a diez metros del área, perdían la posesión y el Madrid lanzaba el contrataque subido en la moto de Cristiano. De repente el Barça había descubierto que este Madrid es mucho más equipo que el que vapuleó en la primavera pasada, y sólo en cuatro meses. Inolvidables Calderón, Mijatovic, Nanín, Boluda, Faubert... ¡qué tiempos!.

El Madrid comenzó a sentirse cómodo en su papel de equipo que espera y te mata en tres pases, o al menos lo intenta, y a punto estuvo de salirle bien (lo cual no implica que la propuesta siga siendo miserable) cuando Cristiano falló la mas clara. Valdés sacó con su pie derecho un gol que parecía inevitable y con ella la sensación de que el Madrid había perdido la mitad del encuentro. Hay algo evidente: si al Barça le cedes el balón, la concentración debe ser absoluta, hasta el pitido final y como eso sólo lo pueden conseguir los italianos, lo normal es que el Madrid fallase al menos una vez. Si a esto se suma que no marcas las dos que tienes, el partido se pone feo, mucho más cuando a los diez de la segunda parte Ibra salía por Henry. Alguna iba a enganchar y así fue. La primera que tocó  en el 56' fue dentro tras centro de Alvés y estatua de Ramos que lo dejó libre de marca. Un fallo, un gol. Con el marcador en contra el Madrid no se revolucionó. Siguió fiel a su idea inicial de colgarse de Cristiano cuando el partido tomó un rumbo inesperado. En una jugada de colegial, Busquets cortó con la mano una contra blanca. La correspondiente tarjeta amarilla implicaba expulsión. Y así fue como el Barça se quedó con diez y Pellegrini demostró que en ocasiones no lee con claridad los partidos. El chileno se equivocó en los cambios. Que Cristiano no iba a jugar todo el partido estaba cantado, así que dejó su lugar a Benzema. Era un cambio obligado, pero el partido pedía un mediocampista y Pellegrini metió a Raúl por Arbeloa. Marcelo pasó al lateral para seguir demostrando que ni de speaker puede estar en el Madrid y el ataque se vio sensiblemente devaluado porque Raúl ni siquiera salió para ocupar la segunda punta.

Con diez, los de Guardiola perdieron el balón, es decir, dejaron de controlarlo un minuto menos de habitual y el Madrid empezó un intento de asedio que no fue tal y que terminó con todas las ocasiones peligrosas en los cortes providenciales de Pujol, un titán en la defensa. Los comentaristas empezaron a hablar de la épica, la heroica y la garra del Madrid pero aquello parecía lo que era: que el Barça iba a ganar, llevarse los tres puntos y acostarse líder. El el bando perdedor no todo fueron malas noticias. La diferencia entre el Madrid y el Barça ya no es sideral y sería mentir si se dijera que el Barça ganó sin hacer un esfuerzo mayúsculo porque la solidez defensiva que mostraron los blancos fue ejemplar. El Madrid dio muestras de precoz madurez en ese aspecto pero sigue sin mostrar un plan claro y definitivo para su juego. Podría haber perdido mucho más que los tres puntos y sin embargo se marchó con la sensación que podría haber ganado si hubiese entrado aquella de Cristiano de la misma manera que el Barça ha comprendido que el Madrid, su némesis, sin jugar a nada reconocible, tiene los mimbres necesarios para competir por los resultados pero no por la excelencia en el juego.

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