Por Ignacio Ampudia, hace 9 días

España muere de éxito

Villa Y TorresCuando todo parecía predestinado para el gran duelo en la final de ese invento de los jeques árabes llamado Copa Confederaciones, la gran batalla entre el eterno mejor equipo del globo, Brasil, y el actual mejor equipo del mundo, España, apareció en escena Estados Unidos, un país en el que las licencias profesionales de fútbol son la mitad de las que hay en patinaje, un país en el que el fútbol no es más que un pasatiempos minoritario para freaks. El soccer, que no puede competir contra el rugby o el béisbol (me temo que ni contra el curling), no se parece demasiado a aquel juego que inventaron los ingleses, los mismos de los que se independizaron a finales del siglo XVIII. Ver para creer. El prestigio de EE.UU en el mundo futbolístico es más que dudoso. Suele llegar a los mundiales, pero claro, la confederación en la que compite sólo cuenta con México como rival más digno. Sin embargo, los americanos ya no son esos chicos aguerridos, semiprofesionales y desordenados a los que España venció en un amistoso hace un par de años. Ya pusieron en  serios aprietos a Italia y se clasificaron por sorpresa con sólo tres puntos en su casillero, a la italiana, el unico modelo que por ahora pueden imitar.

La cuestión es que, durante un rato, los americanos son los únicos que han sabido ahogar el juego de España, que perdió el partido en el primer cuarto de hora por la presión que inciaban los puntas sobre los centrales españoles. Así las cosas, Xabi Alonso debía bajar hasta la caverna para recibir de espaldas y tratar de distribuir con cierto criterio. A esos problemas había que sumar la falta de tensión de los españoles en los primeros minutos, con Puyol desbordado en más de cuatro ocasiones y Ramos en otro de esos dias estúpidos. Casillas apareció más de lo esperado mientras Villa, totalmente desenfocado en esta competición, y Torres naufragaban en cada envite con la defensa americana que jugaba a treinta metros de su área. Lo que en un principio parecía un evidente suicido, se convirtió en una perfecta estrategia: ahogar la creación española inundando la sala de máquinas. Es evidente pero no todos pueden conseguirlo. Xavi era perseguido por dos medios, Riera no desbordaba, Capdevila no profundizaba y Villa se perdía en conflictos personales. Como no acabe yendo al Madrid en Valencia van a tener que buscar un buen psicólogo.

Los americanos rebajaron el tono y España empezó a jugar, a tocar y a buscar las vueltas a una defensa muy junta que hacía su trabajo a la perfección. No se recuerda en todo el partido una ocasión clara de gol para España. En una pérdida de Puyol en el 27' llegaba el 1-0 en la botas de Altidore tras un genial movimiento que eliminó a su marcador. El disparo fue malo pero las manos blandas de Casillas introdujeron el balón. Un buen contratiempo, bueno porque entonces todo el mundo daba por sentado que España apretaría las tuercas a los que osaban desafiar su brillante trayectoria. Los últimos minutos de la primera parte se convirtieron en un estéril monólogo patrio que no tuvo ningún rédito.

El cuarto de hora inicial de la segunda parte fue muy diferente al de la primera. Los españoles, que ya debían intuir que tanta contemplación podía llevarlos a algo muy malo, pusieron la máquina en marcha. EE.UU renunció a su planteamiento inicial y, con sus once jugadores detrás del balón, se dedicaron a achicar todo lo que pudieron. Como ni hubo goles ni oportunidades claras, la gasolina empezó a escasear, especialmente para Xavi y no hay que engañarse: si Xavi no funciona, España no juega. En un par de contras los americanos avisaron que no iban de farol y en la tercera, con error de parvulario de Ramos en el área pequeña, llegó el segundo, en el 74', la puntilla final porque para aquel entonces España vivía agarrada a una esperanza, a la pegada del ganador, a la suerte del coronado cuando la realidad era que Riera se desmoronaba por la banda, Xavi empezaba a parecer un jugador vulgar y Villa y Torres ni siquiera acertaban a controlar algún balón. Con el tiempo practicamente vencido, Del Bosque dio entrada a Cazorla primero y Mata después, pero España ya estaba entregada a la causa. Después de 35 partidos sin conocer la derrota, el campeón de Europa caía ante una selección menor que interpretó su papel y jugó su partido a la perfección. Lo único destacable de España es que ha caído siendo fiel a su estilo. Aunque tampoco hay que engañarse. Si ganar la Confederaciones técnicamente te convierte en el mejor equipo del mundo, de sobra es sabido que no se es el mejor si no se pasa por encima de Brasil y Argentina, y eso será el año que viene.

Por José Ramón López, hace 11 días

GP de Gran Bretaña: ¿Asalto al poder?

F1 2009 Red Bull Team GbA pesar de la admiración deportiva que siento por Fernando Alonso, reconozco que nos separan distancias insalvables en cuanto a la percepción de fenómenos paranormales y «para los otros» se refiere. Fernando tiene su propia filosofía de la vida formada a partir de elementos que selecciona de su realidad circundante, lo que da lugar a una única, personal e intransferible forma de pensar. Un autismo cabalgante que solo puede ser entendido bajo la perspectiva del psicoanálisis. Soy un perfecto desconocedor de esa técnica, por lo que no voy a entrar a valorar ninguna de sus frases al término de la carrera de ayer. A su desconcertante revelación: «hemos corrido más por diversión que por otra cosa», solo puedo añadir mi: «me he dormido durante la carrera, más por aburrimiento que por otra cosa».

Que la FIA y la FOTA, que la FOTA y la FIA quieran hacer dos campeonatos paralelos  me parece una idea tan excelente como innecesaria. De hecho ya existen dos campeonatos «paralelos». Uno en el que compiten Brawn GP y Red Bull Racing, y otro en el que lo hacen los lelos. Que Fernando Alonso y Renault han hecho esta  temporada méritos más que suficientes para estar en el segundo grupo, es tan obvio como que la novia de Lewis Hamilton «aclarará» definitivamente el panorama genealógico de la estirpe hamiltoniana. Desde que se ha quedado a vivir en el motorhome de McLaren, el pobre Lewis no levanta cabeza. Algo perfectamente comprensible, pues no se pueden tener «levantadas» tantas cosas al mismo tiempo.

De las carreras voy a hablar cada vez menos. Sé que Sebastian Vettel se merecería ríos de elogiosa tinta, pero eso se lo dejo a mis amigos normandos y teutones,  en fraternal solidaridad con su vergonzosa y vergonzante austeridad de palabra, cuando, otrora, lo que correspondía era elogiar el talento de algún «indeseable» piloto latino. Además, no puedo escribir desde el soporífero aburrimiento que me producen, ya no solo las carreras, sino el actual gallinero de turuletas en permanente estado de cacareo secesionista. Ojalá no se produzca una escisión sino un cataclismo total, un tsunami devastador seguido de un incendio purificador, que obliguen a reconstruir este decadente circo a partir de sus propios escombros y cenizas.

Con la apabullante victoria de los Red Bull, cabría albergar la esperanza de una fulgurante remontada, en la que Sebastian Vettel tuviera la oportunidad de disputarle el título al hasta ayer intratable Jenson Button. Sería el único alicente deportivo para lo que resta de temporada. No obstante, habremos de esperar al próximo GP de Alemania en Nürburgring para comprobar si lo de ayer ha sido, como así parece, un definitivo cambio de tendencia o solo un puntual espejismo debido a  las circunstancias de una carrera especial, en un circuito tan bacheado como Silverstone. De todas formas, lo que sea, a mi modo de ver, llega demasiado tarde y en medio de un maremágnum de incierto futuro que relega a un segundo plano el actual panorama deportivo.

Por Ignacio Ampudia, hace 15 días

Florenteam

Florentino PerezFlorentino Pérez ha actualizado con extremado vigor el mito del Rey Midas que convertía en oro todo aquello que tocaba. Sin elecciones, sin oposición, sin alianza rebelde, ha vuelto a la presidencia del club el hombre que tiene la cualidad de hacer posible lo imposible. Ha tasado la ilusión del madridismo en 300 millones de euros. No sé con exactitud cuál es el precio de la ilusión pero al menos éste parece estar a la altura. Es una cifra más que digna. Como era previsible, los altavoces de la moral y la dignidad ya han emitido su juicio y claro, no ha sido bueno. No parece muy moral gastarse 94 millones en un jugador, en un «individuo», en un particular. Las cosas suelen decir lo que uno quiere que digan. Pues sí, tanto dinero en una persona parece desmesurado, pero los precios están en sintonía con el impacto de la actividad que hace dicha persona y no podemos rasgarnos las vestiduras porque el fútbol mueva una cantidad indecente de dinero. 

Cristiano Ronaldo es, antes que persona, un jugador de fútbol, pero no cualquier jugador de fútbol. Su calidad está fuera de toda duda al igual que está fuera de toda duda que es un hortera sin gusto o que Raúl habla inglés como un escolar. Sin embargo hay que medir las cosas por su función y, ni el 7 ha manifestado su interés en suceder a Shakespeare, ni Cristiano en intervenir en un tribunal de tesis doctoral. Los futbolistas juegan y si lo hacen bien y ganan títulos su valor se incrementa. Es de cajón. Contemplo con cierta ironía los comentarios de Laporta, más beligerante que nunca ante la llegada de Pérez, haciendo gala de una retórica tardo-marxista que ya sí me produce una inmensa carcajada. Parece que el Barça, además de jugar de lujo, es una especie de ONG sólo por llevar impreso el logo de UNICEF en su camiseta. Si alguien pusiese 100 millones por Messi, ¿qué haría el Barça?. Seamos serios o cínicos, pero seamos lo que hay que ser.

Durante una década los grandes directivos de las enormes corporaciones más poderosas del mundo se han estado llevando sueldos de vertigo y nadie dijo nada, del mismo modo que Tom Cruise o Angelina Jolie cobran cifras astronómicas por protagonizar películas. No creo que las malas artes de algunos justifiquen las de los demás, pero no entiendo la doble  o la triple vara de medir. Hasta el presidente del Gobierno se ha pronunciado, aunque sus declaraciones han sido sesgadas con un claro interés: él dijo que no le parecía correcto pero que comprendía que se trataba de una operación comercial. Cristiano juega muy bien y además es rentable, así que parece un negocio redondo, en un principio. Tanto Cristiano oscurece el otro gran fichaje, el de Kaká, algo más modesto en cifras pero igual o mejor que el de Cristiano. Al fin llega al Bernabéu alguien que sabe jugar el balón, por el centro, entre líneas, con llegada y gol y cristiano hasta la médula. El yerno que toda suegra querría sentar en su mesa un domingo.

Dejando a un lado cuestiones pseudomorales, el proyecto no ha hecho más que empezar. Parece que los que han llegado a la directiva saben lo que hacen y si está Valdano, aún más. Ya hay dos jugadores de los que hacen que un equipo pueda aspirar a ganar un título importante (la Chamipons de 2010 con el Bernabéu como sede de la final) pero hace falta alguien que remate lo que crean los buenos. Ese parece que será Villa dentro de algunos días, otro excelente fichaje. Aún así, con Villa tampoco está cerrado el círculo. Hace falta un creador de juego, un medio consistente que gobierne la medular junto a Lass que parece que se quedará. ¿Opciones?. Xabi Alonso o Fábregas. De mi predilección es el segundo, pero Alonso parece más viable y con más solvencia. Sería otro acierto. En el capítulo defensivo, es imprescindible un central de garantías que acompañe a Pepe y un lateral izquierdo. Garay hará la pretemporada pero su rendimiento es una incógnita. Apunta a típico caso ruleta: un acierto o un fiasco, sin término medio. Lo del lateral parece más complicado porque no hay demasiado donde elegir. Maicon, del Inter, con gran físico y poderoso en el corte pero escaso de técnica. Teniendo en cuenta la tradicional reticencia de Pérez a desembolsar por defensas, no sería extraño que Torres se quedase con el puesto. 

Después de fichar hay que comprobar la habilidad de Pellegrini para ensamblar las piezas y hacer que el mecanismo más caro del fútbol funcione, eso sí, previa limpieza del vestuario. Ya se han puesto los precios. Los holandeses no han funcionado, tal y como ocurrió en Barcelona hace algunos años. De todos los que hay en nómina, conservaría a Huntelaar y, en caso de que no llegase Ribery, a Robben. El resto, un lazo y a correr junto a Heinze, Salgado y Saviola. Para empezar la temporada sin duda habrá caso Raúl del que poco se está hablando estos días pero que empieza a no encontrar sitio en ese equipo, al menos difrutando de todos los minutos que ha jugado en las tres últimas temporadas. El Florenteam ha empezado a caminar pero la verdadera medida no se verá hasta el primer partido liguero contra el Barça aunque en lo más profundo del imaginario florentiniano palpita la idea de ganar la final de la Champions ante el los culés en el mismísimo Bernabéu, el sueño húmedo de todo el madridismo, incluido el que esto ha escrito, claro está.

Por José Ramón López, hace 26 días

GP de Turquía: «Baño turco» de Button

F1 2009 TurquiaAl término del GP de Turquía, el jeque Salim bin Abdullah bin Nasser al Abdulsalam Wali de la Haima, descendiente directo de la dinastía turca Yunaid y Haydar y actual gobernador de la provincia de Anatolia, hacía entrega a Jenson Button de una estatuilla (camello de oro y brillantes) como regalo conmemorativo de su triunfo en la carrera de hoy.

El sexto triunfo para él en lo que va de temporada y el cuarto consecutivo. «Tu camello es cojonudo, Jenson», dijo el otomano en un inglés harto mejorable. «No alteza, no es camello lo que monto, sino caballo». «Los camellos son los que vienen detrás».

¿Os habéis dado cuenta que Jenson siempre se escoña de risa en sus celebraciones por radio?. Y lo que te rondaré, morena; nunca más apropiado aquél chascarrillo de «por reírme me río hasta de Janeiro», o en su caso hasta de Abu Dhabi, en la que será última carrera de un mundial sentenciado que pasará a «los anales» (en el peor de los sentidos) de la historia....del aburrimiento. Por supuesto que un «glorioso» aburrimiento, visto desde la trinidad BBB (Brawn, Button, Barrichello).

Ya no hay mundial, ya no quedan oponentes, se acabó la emoción. Solo nos queda un monólogo de Brawn GP en el que sus pilotos son los protagonistas absolutos. Como así lo han sido en el día de hoy, en el que Jenson Button por delante y Rubens Barrichello (desbocado tras una mala salida) por detrás, han protagonizado los mejores momentos de la carrera. En medio, una caravana de resignados camellos (y algún que otro dromedario «despistao») con altibajos emocionales, conflictos de identidad y crisis depresivas.

Dentro de la mediocridad generalizada reinante, anotamos una ligera mejoría en Toyota, Williams y BMW, estancamiento, deseamos que transitorio en Ferrari, recaída espectacular de Renault, hundimiento total de McLaren y decepcionante actuación de Sebastian Vettel (Red Bull), 'pole' en los entrenamientos oficiales, que tras un error de pilotaje y otra incomprensible estrategia de tres paradas, acabó tercero, por detrás de su compañero de equipo, el hoy brillantísimo Mark Webber.

Por Ignacio Ampudia, hace 1 mes y 5 días

La excelencia

Guardiola ManteadoPara un madridista confeso es tremendamente complicado alegrarse con la victoria de cualquier equipo que no sea el blanco, mucho más si el que el levanta las copas es el Barça pero hay que rendirse ante la evidencia y además es un síntoma de buen gusto. Durante la semana veía entrevistas a pie de calle en Madrid a los aficionados de Chamartín. Todos concluían lo mismo: el Manchester debía ganar en Roma. Es comprensible pero no justificable. El Barça que ha armado Guardiola no pasa inadvertido a nadie. Es imposible y creer que los de Cristiano merecían la victoria no era más que la síntesis de una pataleta absurda y en cierto modo muy hooligan. El Barça llegaba con la defensa en cuadro al tener dos de los tres titulares sancionados y uno lesionado. El defenestrado Sylvinho entraba en el once inicial por necesidades del guión y Touré como pareja de un inmenso Piqué, uno de los descubrimientos de la temporada, en el centro de la zaga.

Cuando las cosas salen bien no hay mucho que reprochar a la coyuntura. En otros casos,  ni Iniesta ni Henry habrían jugado esta final, pero este Barça parece estar bajo la bendición de alguien dedicado a determinar la suerte del fútbol y al final los dos llegaron a tiempo para la gran cita. La Liga y la Copa son buenos triunfos. Bien, pero es la Copa de Europa la que determina la excelencia, es el título que todos quieren ganar. En caso de haber perdido, el discurso habría sido tremendamente complaciente. Que sí, que se ha perdido contra el Manchester, pero se ha ganado la Liga y la Copa, como el Atleti. La derrota en Roma habría sido la decepción y la proyección del fútbol español se habría visto devaluada. Después de la coronación en Viena había que demostrar que el fútbol inglés, que la propuesta del fútbol inglés no es comparable a lo que se hace aquí.

Ni siquiera durante los diez primeros minutos de arreón del Manchester, el Barça sintió amenazada su candidatura al trono. Con los medios desenfocados y Valdés con tiritona, Cristiano se erigió en la cabeza visible de los únicos que podrían discutir la virtud del toque. Nada de nada. Fuegos artificiales. Bastó que la tomara Iniesta, se deshiciera de sus marcadores y la soltara para Eto'o para que el 9 marcase el primero, el primer peldaño a la confirmación de que el buen juego gana títulos. El tanto en el 10' destrozó la moral de los ingleses, que perdieron la posesión y las ganas de ganar. El Barça se lo empezó a creer, a tocar, a combinar y a marear a un Manchester del que se esperaba más arrojo, más chispa, más sangre. En el fútbol hay pocas leyes fijas pero entre ellas hay un axioma clave: si se tiene el balón, no hay riesgo. El Barça cree en ello, lo aplica y le sale bien.

La segunda parte comenzó con cierto morbo. ¿Sería capaz el Barça de aguantar el empuje de un equipo inglés lanzado a tumba abierta a conseguir el empate?. Supongo que no era más que la desconfianza del mismo madridista confeso que, quince minutos después, terminó por comprender que Guardiola sabe muy bien lo que hace y que además cuenta con los jugadores  adecuados para hacerlo. Con el balón en los pies de Xavi e Iniesta, la final terminó y a medida que los azulgrana demostraban que a día de hoy no hay nadie que les pueda discutir  su poderío, el nuevo mesías blanco se desesperaba contra toda la defensa culé. En el 70', el broche final: Xavi centraba al corazón del área para que Messi, de cabeza, pusiera el definitivo 2-0, la rúbrica de una temporada genial que, afortunadamente, ha encumbrado el buen fútbol, el buen gusto, el buen trato al balón, en definitva, la excelencia. Enhorabuena... pero volveremos, no lo duden.      

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