España muere de éxito
Cuando todo parecía predestinado para el gran duelo en la final de ese invento de los jeques árabes llamado Copa Confederaciones, la gran batalla entre el eterno mejor equipo del globo, Brasil, y el actual mejor equipo del mundo, España, apareció en escena Estados Unidos, un país en el que las licencias profesionales de fútbol son la mitad de las que hay en patinaje, un país en el que el fútbol no es más que un pasatiempos minoritario para freaks. El soccer, que no puede competir contra el rugby o el béisbol (me temo que ni contra el curling), no se parece demasiado a aquel juego que inventaron los ingleses, los mismos de los que se independizaron a finales del siglo XVIII. Ver para creer. El prestigio de EE.UU en el mundo futbolístico es más que dudoso. Suele llegar a los mundiales, pero claro, la confederación en la que compite sólo cuenta con México como rival más digno. Sin embargo, los americanos ya no son esos chicos aguerridos, semiprofesionales y desordenados a los que España venció en un amistoso hace un par de años. Ya pusieron en serios aprietos a Italia y se clasificaron por sorpresa con sólo tres puntos en su casillero, a la italiana, el unico modelo que por ahora pueden imitar.
La cuestión es que, durante un rato, los americanos son los únicos que han sabido ahogar el juego de España, que perdió el partido en el primer cuarto de hora por la presión que inciaban los puntas sobre los centrales españoles. Así las cosas, Xabi Alonso debía bajar hasta la caverna para recibir de espaldas y tratar de distribuir con cierto criterio. A esos problemas había que sumar la falta de tensión de los españoles en los primeros minutos, con Puyol desbordado en más de cuatro ocasiones y Ramos en otro de esos dias estúpidos. Casillas apareció más de lo esperado mientras Villa, totalmente desenfocado en esta competición, y Torres naufragaban en cada envite con la defensa americana que jugaba a treinta metros de su área. Lo que en un principio parecía un evidente suicido, se convirtió en una perfecta estrategia: ahogar la creación española inundando la sala de máquinas. Es evidente pero no todos pueden conseguirlo. Xavi era perseguido por dos medios, Riera no desbordaba, Capdevila no profundizaba y Villa se perdía en conflictos personales. Como no acabe yendo al Madrid en Valencia van a tener que buscar un buen psicólogo.
Los americanos rebajaron el tono y España empezó a jugar, a tocar y a buscar las vueltas a una defensa muy junta que hacía su trabajo a la perfección. No se recuerda en todo el partido una ocasión clara de gol para España. En una pérdida de Puyol en el 27' llegaba el 1-0 en la botas de Altidore tras un genial movimiento que eliminó a su marcador. El disparo fue malo pero las manos blandas de Casillas introdujeron el balón. Un buen contratiempo, bueno porque entonces todo el mundo daba por sentado que España apretaría las tuercas a los que osaban desafiar su brillante trayectoria. Los últimos minutos de la primera parte se convirtieron en un estéril monólogo patrio que no tuvo ningún rédito.
El cuarto de hora inicial de la segunda parte fue muy diferente al de la primera. Los españoles, que ya debían intuir que tanta contemplación podía llevarlos a algo muy malo, pusieron la máquina en marcha. EE.UU renunció a su planteamiento inicial y, con sus once jugadores detrás del balón, se dedicaron a achicar todo lo que pudieron. Como ni hubo goles ni oportunidades claras, la gasolina empezó a escasear, especialmente para Xavi y no hay que engañarse: si Xavi no funciona, España no juega. En un par de contras los americanos avisaron que no iban de farol y en la tercera, con error de parvulario de Ramos en el área pequeña, llegó el segundo, en el 74', la puntilla final porque para aquel entonces España vivía agarrada a una esperanza, a la pegada del ganador, a la suerte del coronado cuando la realidad era que Riera se desmoronaba por la banda, Xavi empezaba a parecer un jugador vulgar y Villa y Torres ni siquiera acertaban a controlar algún balón. Con el tiempo practicamente vencido, Del Bosque dio entrada a Cazorla primero y Mata después, pero España ya estaba entregada a la causa. Después de 35 partidos sin conocer la derrota, el campeón de Europa caía ante una selección menor que interpretó su papel y jugó su partido a la perfección. Lo único destacable de España es que ha caído siendo fiel a su estilo. Aunque tampoco hay que engañarse. Si ganar la Confederaciones técnicamente te convierte en el mejor equipo del mundo, de sobra es sabido que no se es el mejor si no se pasa por encima de Brasil y Argentina, y eso será el año que viene.
A pesar de la admiración deportiva que siento por Fernando Alonso, reconozco que nos separan distancias insalvables en cuanto a la percepción de fenómenos paranormales y «para los otros» se refiere. Fernando tiene su propia filosofía de la vida formada a partir de elementos que selecciona de su realidad circundante, lo que da lugar a una única, personal e intransferible forma de pensar. Un autismo cabalgante que solo puede ser entendido bajo la perspectiva del psicoanálisis. Soy un perfecto desconocedor de esa técnica, por lo que no voy a entrar a valorar ninguna de sus frases al término de
Al término del